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08/Nov/2012
 
 
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Literatura ‘Balo’ Sánchez León y nueva entrega con un delicioso relato de collera.

De Armas Tomar

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Amparado por el florete de su padre, ‘Balo’ Sánchez León confiesa admirar a James Dean, con quien comparte “esa sensación de desubicación”.

Madrugador y medio calato en verano, Abelardo Sánchez León confiesa que prefiere dedicarse a la poesía entre seis y nueve de la mañana. Cuando el timbre y la radio del vecino todavía no molestan. De esas madrugadas creativas tiene tres poemarios ya casi listos para salir del horno: Grito bajo el agua, El habitante del desierto y Furiosa intimidad. Su anterior entrega poética data del lejano año 2000, cuando publicó El mundo en una gota de rocío, dedicado a su hijo muerto demasiado antes de tiempo. Mientras tanto, publica su última novela: Resplandor de noviembre (Alfaguara, 2012), un relato de collera, un “canto a la amistad”, y un recorrido a lo largo de 40 años que también se erige como un nostálgico fresco de la urbe limeña a través del tiempo.

–Alguna vez dijiste, citando a Montherlant, que uno tiene que escribir como si estuviera muerto.
–Yo vengo de una estética muy confesional que te trae problemas. Hay un alter ego que fastidia, y si escribes como si estuvieras muerto puedes decir lo que quieras, sin autocensura. Es una gran suerte poder escribir, pero esa suerte tiene su costo: sufrir. El látigo, como lo llama Truman Capote, un látigo que a mí me da miedo, y por eso dejé la poesía. Hay algo de vidente, y ves cosas que no quisieras ver.


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