Gastronomía De cómo eliminar la contaminación ambiental y enrumbar un proyecto gastronómico en un mismo espacio: La Ladrillera.
Ladrillo Por Comida
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James Berkemeyer, chef, y Alfonso García Miró, dueño del proyecto, en el estacionamiento para caballos (aunque el restaurante no brinda el medio de transporte). |
Cumplidas sus 70 primaveras, la única ladrillera en pie que quedaba en Cieneguilla estaba abandonada. Su estructura no fue corroída por los años, situación que no dudó en aprovechar el joven empresario Alfonso García Miró, 22. Heredero de 400 m2 de ladrillera en desuso y alrededores, empezó la restauración y hace poco más de un mes La Ladrillera, nombre de su ópera prima gastronómica, abrió sus puertas con una apropiada carta del chef James Berkemeyer. Pero, primero lo primero. El Dr. Ricardo Morales, director del Proyecto Arqueológico Huaca de la Luna, explica que el problema de las ladrilleras afecta a diversos valles el Perú, como por ejemplo en la Campiña Moche, donde en los años 50 se desarrolló una plaga y “a raíz de eso se tuvo que eliminar la vegetación y con esa tierra arcillosa se empezó a hacer ladrillos. Luego, huecos de tres metros de profundidad conllevaron al auge de las ladrilleras que, al utilizar neumáticos en sus hornos, generan contaminación química en el aire que destruye muros arqueológicos y afecta las vías respiratorias de la gente”. Siendo así, el proyecto no contamina y alimenta a comensales aventureros que esquiven el tráfico limeño para arribar (siendo uno de los fines alejarse de él).
(AP)