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Salud La pandemia del sobrepeso y un llamado de alerta a propósito del Día Mundial contra la Obesidad celebrado en noviembre.

Dura Gordura

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Nuevas medidas. Ricky Tosso: “No era justo, llegó un momento en que ya no podía ni caminar”.

Las cifras son alarmantes. Como lo anunciaba la Organización Mundial de la Salud en mayo pasado: con 500 millones de adultos obesos y alrededor de 40 millones de niños menores de cinco años con sobrepeso, desde 1980 se ha duplicado la obesidad en el mundo. Habiéndose celebrado el pasado 12 de noviembre el Día Mundial contra la Obesidad, bien vale la pena una nueva llamada de alerta, aunque sea porque el verano ya está cerca. Pandemia sazonada con la adicción hipercalórica de las papas fritas y las gaseosas extra large, la obesidad es el quinto factor de riesgo de muerte en el mundo, y responsable del 44% de las diabetes, 23% de las cardiopatías isquémicas y del 7 al 41% de ciertos tipos de cánceres.

¿Aterrador? Lo es. Y contradictorio. En España, el postre amargo de la crisis económica ya se ha empezado a manifestar con un incremento de la obesidad en la población femenina. Ya se sabe: a menos plata en el bolsillo, peores elecciones nutricionales que representan una mayor ingesta de alimentos procesados ricos en azúcares, carbohidratos y sal.

En el Perú, sin embargo, el Instituto Nacional de Salud añade un condimento de la receta para la obesidad, catalogada como “problema de salud pública”: vivir en áreas urbanas. Una muestra realizada el 2010 arrojó cifras preocupantes, con una prevalencia superior al 40% de exceso de peso en la población adulta del país, y 6.4% de niños menores de cinco años con sobrepeso, siendo el riesgo de ser obeso en edad adulta dos veces mayor para un niño obeso que para uno con estado nutricional normal. Los riesgos de la obesidad, no obstante, vienen desde el vientre materno. Como lo señala un estudio británico del año 2010 de la Universidad de Oxford sobre obesidad y gestación: “Las mujeres obesas en edad reproductiva tienen mayor riesgo de presentar complicaciones maternas y neonatales como trastorno hipertensivo, diabetes gestacional, parto por cesárea y resultados neonatales deficientes y macrosomía fetal durante el embarazo”. Según lo reporta el Ministerio de Salud en su documento de trabajo “Sobrepeso y obesidad infantil en el Perú – 2012”, “las mujeres embarazadas que consumen tabaco, tienen exceso de peso o diabetes, dan a luz a niños que tienen un mayor riesgo de ser obesos durante los años preescolares”.

¿Y cómo se gesta el cuco de esta pandemia? La globalización, con su legión de gentes apuradas y la consiguiente transformación de patrones alimentarios, ha llevado al desarrollo de una sociedad “obesogénica” que cubre un creciente porcentaje de sus dietas con alimentos ultraprocesados (comida y bebida con alto valor calórico y baja calidad de nutrientes), cuyo consumo es estimulado por campañas de marketing globales. Las cifras son alarmantes: “En EE.UU. al menos 1.6 millones de dólares se gastan anualmente en publicidad de alimentos dirigida a niños y adolescentes”, según un reporte del año 2008 presentado ante el Congreso de EE.UU. Igualmente, un estudio de la Universidad de Yale mostró que entre 1985 y el año 2000, los vegetales y verduras frescas habían incrementado su precio en 118 por ciento, mientras que las bebidas gaseosas solo lo habían hecho en un 20% en el mismo periodo de tiempo, favoreciendo un consumo y una condición que más que estilo de vida provocaría llamar “estilo de muerte”.

¿La solución? Dormir bien, cuidar las porciones y el Índice de Masa Corporal. Y moverse más. Según las recomendaciones de la OMS y el Ministerio de Salud: reducir el “tiempo de pantalla”, pues a más televisión, mayor incidencia de obesidad infantil y adulta. Y no solo por el sedentarismo que representa, sino por la elevada exposición a campañas publicitarias de alimentos no saludables: hasta el 70% de la publicidad en horario familiar de alimentos en Lima Metropolitana está relacionado a bebidas, dulces y snacks.

La obesidad, no obstante, en el peor de los casos puede revertirse a través de medidas invasivas como en los casos recientes de celebridades locales como el actor Ricky Tosso y la ex reina de belleza Marina Mora, quien recientemente apareciera en El Gran Show agitando sus nuevas medidas con 25 kilos menos de peso al ritmo de Jennifer López.

Por su lado, desde mayo a cargo de su flamante escuela de teatro Espacio Alterno, Ricky Tosso apeló a la banda gástrica para quitarse 25 kilos de encima o, como él lo dice: “dos mochilas”. Hijo de una familia de ascendencia italiana donde la pasta siempre fue la reina de la mesa, el actor llegó a pesar 135 kilos gracias a la regular y disciplinada ingesta de ocho panes en el desayuno y cuatro litros de gaseosa diarios. La consecuencia inevitable: una diabetes que empezaba a comprometer el único riñón que le quedaba luego de que hace quince años le extirparan el otro debido a un cáncer. Hoy, con 84 kilos de peso y solo 20 por ciento de estómago, Tosso pasó de los ricos tallarines y el arroz con papa a las sopitas coladas y las papillas que recién empiezan a dejar paso a los alimentos sólidos. La diabetes, también, parece haber desaparecido. Habiendo sido un joven deportista que practicaba el fisicoculturismo, la pregunta inevitable llega sola: ¿por qué cayó en ese estilo de vida? La respuesta es contundente: “Por cojudo”. Y una apuesta por la vida con el anhelo de concebir un nuevo hijo: “No sé cuánto más pueda vivir después de todo lo que me ha pasado, pero ese poquito o mucho quiero vivirlo bien”. A pensarlo dos veces antes de agrandar el combo. (Maribel De Paz)

Alarmante tendencia de sobrepeso en menores de 5 años. Der., incremento de precios por tipos de alimento en la Unión Europea, entre 1985 y 2000.


 


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