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Tres toreros cargados en hombros.

Triunfo en Acho, Caracho

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Alfonso Simpson, “Alfonso de Lima”, hizo hervir los tendidos.

Nadie antes de la corrida esperaba el resultado final de esta con los tres toreros y el ganadero sacados a hombros en olor de multitudes. Gratísima sorpresa. La gente se divirtió de lo lindo. Tarde triunfal por lo tanto. Hubo toros colombianos de “La Carolina” con presencia y trapío en general y con buenas hechuras. Fue la excepción el segundo de la tarde que era escurrido de lomos, solo tenía canasta alta y poco peso (465 kg), el cual fue retirado por el juez motivado por las protestas e iras del respetable. Sin embargo, he de decir que ese toro hubiera dado buen juego y que el sobrero que salió en su lugar, de Achury Viejo, no solo tenía menos peso (460 kg) sino que aparte de anovillado resultó casi ilidiable. Por eso, Iván Fandiño estaba tan cabreado con el cambio, ya que este toro le pertenecía a él por ser el primero de su lote y sabía (como lo intuimos muchos) que el toro servía. Lo que ocurrió es que el primer toro de la tarde, el anterior, que le tocó a Jean Baptiste, que abría plaza, era un torazo de 570 kg, y este segundo pesaba 110 kg menos y esta diferencia de pesaje el público, al compararlos, no la supo aguantar. No debió ser cambiado. Vayamos a los hechos:

Al arlesiano Jean Baptiste lo he visto mejor que nunca. Siempre ha sido un torero de calidad, pero en esta corrida se nos mostró como un torero de exquisita finura y enorme suavidad con las telas. ¡Sencillamente maravilloso! Las verónicas de recibo estuvieron dibujadísimas y muy bien templadas, y las chicuelinas tuvieron gran lentitud, lo cual en este pase es muy difícil de lograr. Brinda al público y entona una sinfonía de naturales y derechazos estupendos y muy ligados, pases de pecho de cabeza a rabo ovacionadísimos, sazonado todo con molinetes, pases de adorno y remates excelentes al son de la música. El toro fue a menos no por falta de clase sino por sobra de ella, ya que se había dejado las fuerzas apretando los ijares ante el caballo, totalmente encelado y sin querer separarse de él. Pincha en todo lo alto y le endiña una estocada tendida y algo trasera y el público se enfría. Ovación. Perdió la oreja. A su segundo toro lo recibió con la muleta, a lo Ponce, con pases por bajo rodilla en tierra, lindos, y se lanzó a torear con pases de todas las marcas, llenos de finura y temple en una faena que arrebató a los tendidos. Bernadinas (las de Joaquín Bernadó) ceñidísimas para levantarle la cara y se tiró a matar a por uvas con estocada fulminante (dos orejas bien ganadas que sirvieron de acicate a los que venían detrás de él).


 


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