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Entrevistas Carla Barzotti cuenta la sorprendente, y cruda, verdad de su vida.

Amores y Desamores

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La recordada actriz de “Malicia” habla aquí francamente sobre las tristezas y alegrías almacenadas en su corazón.

Hay personas sensibles para quienes el amor es el eje conductor de su vida. Están “enamoradas del amor”. Hay tres palabras clave: “corazón, sexo y cabeza” que son el trípode mágico para que el amor cristalice con fuerza. Pero si alguna de estas se debilita en la rutina de la vida, el amor se puede perder cuando no se debía perder. Carla Barzotti (42), la siempre recordada actriz de telenovelas como “Malicia” y “Escándalo”, por citar algunas, es una guapísima mujer que ha almacenado tristezas y alegrías desde que era niña hasta el día de hoy. Amores y desamores. Nos hemos citado en el restaurante Costa Verde para esta entrevista y he podido comprobar que Carla Barzotti sigue en el recuerdo de la gente, ya que al pasear su figura esbelta por el restaurante era observada por casi todos los que se encontraban allí con fijación y admiración sumas. Se transparentaba el recuerdo de ella. No encuentro, después de mucho hablar con Carla, otro “leit motiv” más adecuado para conocerla a fondo que el “amor”. Así que hablemos de amor. Aquí está Carla Barzotti.

–Hábleme de sus padres.
–Mi padre Humberto Barzotti, ya fallecido, se dedicó toda su vida a los automóviles, ya que era concesionario de Nissan y tenía talleres y todo lo referente a este tema. Le encantaba la hípica. Tenía caballos de carreras. Recuerdo el Jockey Club cuando tomaba clases de niña de equitación, como el lugar donde pasaba fiestas y feriados. Hasta ahora pertenezco al Jockey Club. Mi madre, Lidia Vilma Martens, es una mezcla genética de alemán con vasco. Mi padre era jodido, celoso, severo, ya que yo soy la única hija mujer (tengo dos hermanos menores que yo) y por ser tan riguroso conmigo, nunca fui a ninguna fiesta. Mis cumpleaños eran lonches familiares en la casa a los que llegaban mi abuela, mis tías, regalos, etc., y a las 9 de la noche ya estaba en la cama durmiendo. Esto de lunes a domingo. Solo jugaba Atari. Me daban clases de karate y tenis. Yo le decía a mi papá “quiero ir al cine” y él me respondía: “¡Qué cine!, para eso tienes el betamax y el betacan. No sales!” Hasta ese punto me marcaba. Mi papá era mujeriego y como reza el dicho: “Todo ladrón cree que los demás son de su condición”. Recuerdo que una vez me escapé con una prima a ver la película de “Village People” que era todo un suceso. Se enteró mi padre y me castigó quitándome el Atari y no dejándome ir al club durante un mes.


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