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Opinión “En Moquegua es donde se mide el mayor Índice de Crecimiento Humano”

¿Por qué Será?

Lima, 18 de noviembre de 2012

De pronto es que sus valles siempre soportaron una población escasa, la justa como para que el agua, bien esquivo en estas tierras, alcanzara para todos. O quizás la diversidad de cultivos permitió una dieta rica y sostenida. Algo habrá en este valle caluroso, para que Tiahuanaco y Wari, dos culturas imperiales y guerreras, aceptaran convivir en sus arenales y en sus zonas verdes. Incluso el cerro Baúl, apu emblemático de Moquegua, en cuya cima horizontal aún hoy se hacen pagos con animales vivos; ese cerro fue repartido entre los aymaras y los quechuas y cada quien se hizo sus ciudadelas y sus plazas y sus cementerios sin chocar con el otro. Según Garcilaso, en el 1400 llegan los incas con Mayta Cápac para dominar, y se produce una ocupación pacífica desde las orillas del mar hasta la puna. ¿Qué será? Lo cierto es que lo que hoy es la Región Moquegua, parece no haber sido nunca un territorio de pobreza extrema, acuciante, destructiva.

Los españoles encuentran en Moquegua tres mil años de bienestar y las mejores tierras del Perú para el cultivo de la uva y el olivo. Hace una semana en el valle El Algarrobal probé aceitunas cosechadas de un olivo de trescientos años, eran grandes como ciruelas rojas y de un sabor indescriptible. Durante la Colonia, Moquegua tuvo un enorme desarrollo económico, debido a una industria vitivinícola que imantó a españoles nobles que venían incluso de la madre patria a enriquecerse con unos vinos de tal calidad, que la corona hubo de prohibir su exportación a España. La catástrofe vino con las tropas chilenas, que se ensañaron con las bodegas de vino, las destruyeron y las quemaron, quebrando así la economía sostenida por una elite cosmopolita y culta, a la que perteneció Mercedes Cabello, cuya biblioteca estaba compuesta en su mayoría por libros en francés.

¿Qué será, pues? Desde el año 2008, el que marca el punto máximo del crecimiento económico del país, Moquegua es después de Lima la región que más aporta al PBI nacional. El 50 por ciento de los moqueguanos tiene estudios superiores y en esta tierra es donde se mide el mayor Índice de Crecimiento Humano. Y para más INRI, Moquegua es el tercer departamento en el rubro general de exportaciones y el primero en cobre. Claro, ahí está Southern desde hace décadas, con sus bemoles de minera antigua y sus impactos ambientales. Sin embargo, habiéndose dado momentos críticos entre la minera y sectores de la población, la única vez que casi se pasa a mayores fue cuando Alan García en un ataque hipomaníaco, dio la orden de disparar a matar contra una protesta –el moqueguazo– pero el sensato general Alberto Jordán, Jefe de la Policía se negó, por lo cual sigue ahora en serios aprietos con la justicia.

Moquegua recibe mucho dinero por canon, y a partir de 2014 recibirá más del doble. El proyecto cuprífero de Quellaveco se ganó el mote de “la quinceañera” porque ningún gobierno regional quiso comprarse el pleito de negociar con Anglo American, una minera inglesa que empezó hace tres lustros a interesarse en los cerros pelados moqueguanos. El actual presidente regional, Martín Vizcarra, en su campaña prometió que para que los ingleses vinieran o se fueran, él habría de desplegar una mesa de negociación con ellos, que traen una inversión de 4,000 millones de dólares, apenas menor que la de Conga. Dos años de tiras y aflojas dieron luz verde a la minera, la que por su parte, además del canon, se compromete a desarrollar obras de infraestructura por más de 140 millones de dólares.

Torata es uno de los pueblos más bonitos del Perú y también uno de los más ricos. Recibe de Southern, 42 millones de soles al año, y le vendrán otros tantos de Quellaveco. A la espalda de la magnífica Iglesia de la Candelaria, el señor Condori a sus 85 años se sigue levantando a la una de la mañana para empezar a hacer los seiscientos panes que salen al día de su horno. En el siglo XVIII el escritor arequipeño, deán Gualberto Valdivia, calificó a las sarnitas, jetonas, empanadas, estrellas y oquendos de Torata, como el mejor pan del mundo. No se dude. Sin dejar de jalar y empujar la artesa el señor Condori me dice: “este oficio muere conmigo. La municipalidad paga 1,800 soles al mes a los obreros de construcción. ¿Quién va a querer hacer pan y ganar una miseria?” No lo sé, pero si hay milenios de una buena historia, ¿por qué no pensar que Moquegua puede ser un perfecto laboratorio para dar con alguna de las fórmulas que necesitamos? (Rafo León)


 


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