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Preámbulo en París

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Jueves 15: Ollanta Humala en París con Rodman Bundy, Alain Pellet, Allan Wagner, Rafael Roncagliolo, Manuel Rodríguez Cuadros y Sir Michael Wood.

En vísperas a las audiencias orales, el fallo de La Haya en el caso Colombia-Nicaragua contiene poderosos principios que favorecen al Perú.




El presidente Ollanta Humala tenía una preocupación central. Una pulga le zumbaba por la oreja con el papel ambivalente jugado por el Ecuador en torno a la demanda de límites marítimos presentada contra Chile. El intercambio de notas diplomáticas efectuado a finales del gobierno de Alan García estableció dichos límites con el vecino del norte. Pero luego del acto se produjeron declaraciones de miembros del gobierno de Rafael Correa que parecían jugar un partido coordinado con Santiago.

Humala transmitió ese malestar el jueves 15 en París ante el equipo internacional de abogados que defiende al Estado peruano en su demanda por límites marítimos ante la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, en los preámbulos de las audiencias orales que comenzarán el lunes 3 de diciembre.

¿No había sido una jugada que podía voltearse en contra de la estrategia del país?
La del abogado francés Alain Pellet fue la voz más tranquilizadora. Las especificaciones técnicas del acuerdo logrado con Ecuador, insistió, subrayaban precisamente que los tratados pesqueros de 1952 y 1954 no eran más que eso.
Al día siguiente en Londres, el mandatario Sebastián Piñera hacía lo propio con los abogados chilenos. El líder del equipo era en este caso el australiano James Crawford.

Luego de esas citas con sus clientes, Pellet y Crawford, colegas que hace un par de años coeditaron un libro, volaron a La Haya. El primero defendía a Nicaragua en su demanda de límites contra Colombia, representada por Crawford.
La sonrisa de Pellet capturada por las agencias de prensa indicaba que el primer round lo había ganado él.

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El fallo de la corte. Línea punteada alrededor de Providencia y San Andrés indica pretensiones fallidas de Colombia.

El Cambridge Journal de Derecho Comparado lo calificó como “uno de los abogados internacionales más prominentes de nuestro tiempo” y a su reciente obra sobre las reservas a los tratados, su “magnum opus”. Hasta el año pasado fue miembro de la Comisión de Derecho Internacional de Naciones Unidas, que también presidió. Es un reconocido profesor de la Universidad Paris Ouest, Nanterre/La Defense. Además de desempeñarse como consejero del gobierno francés, ha tomado parte en unos 40 casos ante La Haya.

Dos Fallos en Uno

El fallo que emitió el lunes 19 la Corte Internacional de La Haya desató tormentas que fueron más allá de los países directamente involucrados.

Negros fueron los vientos en el bogotano Palacio de Nariño. Al primer momento de celebración, por la confirmación de la soberanía colombiana sobre los cayos que conforman el archipiélago de San Andrés y Providencia, se sucedió el desconcierto de la letra pequeña, convertida en grandísima. Eran dos fallos en uno, claramente diferenciados. La delimitación marítima fijada por el tribunal internacional a pedido de Nicaragua le “recortaba” 87 mil kilómetros de mar.

Flanqueado por sus predecesores Andrés Pastrana, César Gaviria y Belisario Betancourt, el presidente Juan Manuel Santos anunció que no descartaría “ningún recurso o mecanismo” para revertir un fallo con “serias equivocaciones”. Buques de la Armada colombiana se apostaron en las costas de San Andrés y Providencia. Santos fue para allá con la atribulada canciller, María Ángela Holguín, y prometió a sus pobladores intensivo apoyo estatal.

El nicaragüense Daniel Ortega criticó a su homólogo por aceptar solo los apartes que le convienen y tuvo el mal gusto de exclamar: “Le doy la bienvenida a San Andrés, señor presidente Santos”. La soberanía colombiana sobre la isla no está puesta en cuestión por el fallo.

Perú y Chile vivieron sus réplicas. Las circunstancias obligaban a llevarlas de manera discreta, pero otra historia se escribía detrás de las puertas. Piñera y su canciller siguieron con atención la lectura del fallo en el hotel Sheraton de Ankara, Turquía, donde cumplían visita de Estado. Moreno declaró a medios de su país poco después que “es un caso totalmente diferente al que tenemos entre Perú y Chile”.

Humala estaba en Portugal. Aquí, como era previsible, declararon en tono similar los ex cancilleres José Antonio García Belaunde y Eduardo Ferrero, agente ante La Haya y miembro del equipo consultor, respectivamente. En privado, el tono era de optimismo contundente.

Solución Equitativa

El resumen de la compleja historia es el siguiente: en un primer fallo producido en 2007, el tribunal ratificó que el Tratado Esguerra-Bárcenas de 1928 estableció la jurisdicción colombiana sobre San Andrés y Providencia (más cercanas a la costa nicaragüense). Al mismo tiempo, descartó que ese tratado estableciera el límite marítimo de ambos países.

Esta última sentencia puntualiza que los cayos del archipiélago pertenecen a Colombia y luego aplica los principios de equidistancia, equivalencia y proporcionalidad para trazar el límite. “Solución equitativa” es un concepto que se repite a lo largo del documento.

Nicaragua reclamaba que, para respetar tanto la soberanía del archipiélago como los principios mencionados, se debía tratar a las islas como “enclaves” colombianos en mar nicaragüense. El fallo solo toma en cuenta ese pedido para los cayos Quitasueño y Serrana (ver mapa), lo que posibilita el trazo del resto de la “línea mediana” del límite.

Frente a San Andrés y Providencia, Nicaragua queda solo con 60 millas de mar territorial, pero el fallo establece que ahora en el resto de su costa se cumple con las 200 millas estipuladas por la Convención. Para el efecto, se aplica una importante diferencia entre el territorio continental y las islas.

Principios – Fuerza

Aunque sean casos muy distintos, la lectura del fallo de 95 páginas y 251 acápites le dejó al equipo peruano una serie de principios-fuerza: no aplica aquí ninguna de las categorías invocadas por Chile en su respuesta a la demanda peruana.

Ni la presunción de la existencia de un tratado ni el reconocimiento de terceros. Tampoco las “conductas” de los Estados en los territorios en disputa implican soberanía.

La Corte recuerda que la “evidencia de un acuerdo tácito legal debe ser convincente. El establecimiento de un límite marítimo permanente es materia de grave importancia y un acuerdo no puede ser fácilmente presumido”.

La revista colombiana Semana lamentó que “lo que teníamos entendido como límite con Nicaragua en el mar Caribe no estaba soportado por ningún tratado o sentencia que lo delimitara formalmente. Entonces viene una pregunta clave: ¿Por qué negociamos algo que considerábamos propio?”.

El fallo también se sirve de la Convención del Mar de parámetro principal. Como el Perú, Colombia no la ha ratificado:

“Las partes acuerdan que las provisiones relevantes de la Convención concernientes a las líneas de base de un Estado costero y su derecho a las zonas marítimas, la definición de plataforma continental y las provisiones relativas a la delimitación de la zona económica exclusiva y la plataforma continental reflejan la ley internacional habitual” (parágrafo 114).

También establece que los acuerdos que Colombia firmó con Jamaica, Panamá y Costa Rica no son una “circunstancia relevante para efectuar la delimitación marítima entre Colombia y Nicaragua. Es un principio fundamental del derecho internacional que un tratado entre dos Estados no puede, por sí mismo, afectar los derechos de un tercer Estado”.

En cambio, en la controversia marina entre Perú y Chile no hay islas ni plataformas continentales que compliquen el trazo de la equivalencia y la aplicación de las 200 millas. Si Pellet y el resto del equipo peruano comprueban que los tratados pesqueros de 1952 y 1954 no son acuerdos limítrofes, el camino del mar quedará despejado.

La Agenda del Equilibrio


Cómo sobrevivir a La Haya sin sacrificar la integración bilateral, según el ex canciller chileno Juan Gabriel Valdés.

Hoy trabaja en la campaña de la Concertación.

A Juan Gabriel Valdés (65) le ha tocado hacerle frente a situaciones delicadas. Este diplomático y cientista político chileno afiliado al Partido Socialista manejó la campaña televisiva por el “No” en el plebiscito de 1988 que sacó del poder a Augusto Pinochet. Más adelante, como canciller de Eduardo Frei, en 1999, debió enfrentar el arresto del ex dictador y defender el derecho del Estado chileno a juzgarlo en su país.

Mucho de positivo y algo de paradójico tiene que la demanda de límites marítimos ha estrechado las relaciones bilaterales por canales que se podrían definir como “para-oficiales”. La semana pasada, Valdés fue la figura del evento “3+3: Chile y Perú después de La Haya”, organizado por Idea Internacional, donde también expusieron el dirigente del gremio empresarial chileno Rafael Guilisasti y la historiadora Consuelo Figueroa. Por el lado peruano intervinieron el ex ministro Alfonso de los Heros, la historiadora Carmen McEvoy y el empresario Pedro Olaechea. Se trata de un esfuerzo que lleva varios meses y que el lunes 19 tuvo su nueva “réplica” en Santiago. Dos días más tarde, el Consejo de la Prensa Peruana y la Asociación de Prensa Chilena se encontraron en la misma ciudad.

“Creo que los medios chilenos están siendo mesurados y han comprendido dónde están las prioridades”, explica. “El principio básico es que nunca hemos tenido una relación de integración y complementación más clara y definida que hoy. La defensa del interés chileno visto también a través de su relación con el Perú. Si nosotros seguimos ese principio, vamos a poder enfrentar las voces disidentes y aislar a los grupos de actitudes destempladas”.

Para este opositor del actual gobierno, “nosotros debemos equilibrar dos aspectos del discurso que son difíciles de combinar: por un lado, una defensa firme de los intereses de cada país, como es natural, pero también el discurso integrador. Un momento de tensión demanda cierto grado de habilidad política y capacidad comunicacional. Y siento que los dos gobiernos se van a ver medidos en ese momento”.

Y responde que “no podemos adelantarnos a los hechos. Más que crear escenarios hay que crear actitudes. Nuestro trabajo es traducirle a esa opinión pública lo que está pasando, es decirle que las argumentaciones son legítimas, que los dos países defienden un punto en una corte que los dos aceptamos, y cuyo fallo indudablemente se va acatar. Quizá la palabra más adecuada es circunscribir el tema a La Haya y no vincularlo a procesos históricos porque eso nos llevaría a un debate imposible de manejar. Como abordar la etapa oral y el fallo sin que nos retrotraiga a situaciones que no queremos, y construir un relato común de tal manera que sea atractivo y no dañe las oportunidades construidas entre los dos países”. (Enrique Chávez)



 


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