Libro Contundente publicación destaca arte monumental al pie del Titicaca.
Legado Pétreo
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La Iglesia de San Francisco de Asís en Puno, imponente con sus columnas de estilo corintio. |
Luego de domesticar aquellas gélidas planicies alrededor del lago, los primeros cazadores y recolectores que poblaron el Altiplano hace 10 mil años lograron plasmar sobre piedra y barro el mágico mundo que precedió al de los españoles. Así lo atestiguan las 400 páginas del compendio
Magia del Agua en el Lago Titicaca, la trigésima novena entrega de la colección Arte y Tesoros del Perú editada por el Banco de Crédito del Perú y de Bolivia con la participación de 22 reconocidos investigadores sociales (11 nacionales y 11 bolivianos). El libro, presentado el pasado 22 de noviembre en Puno, documenta, entre otros aportes, las esculturas líticas (estatuas de seres humanos y estelas de animales y complicados motivos geométricos) dejadas por los antiguos qaluyus y pukaras, antecesores de los tiwanakus. Los monolitos sintetizan toda la sabiduría de aquellos pobladores sin más elementos que el clima y la naturaleza circundante.
La cuenca del Titicaca, pues, fue siempre el lugar para el encuentro de las culturas. Primero fueron los pucaras al norte y los chiripas al sur, llegando Tiahuanaco hacia el 200 d.C. para integrar los numerosos pueblos alrededor del lago en un solo Estado jerarquizado. “En el centro cívico ceremonial (de Tiahuanaco) se construyeron monumentos como la pirámide de Akapana. Más hacia el sur, se emplazó la pirámide de Pumapumku. Estas grandes construcciones se caracterizaron por el empleo de piedras labradas en sus muros”, sostiene la investigadora Claudia Rivera Casanovas.