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Enrique Ponce salió a hombros. Hubo toreros y no hubo toros.

Vergüenza y Sabiduría Toreras

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Demostrando jerarquía y superioridad frente al ganado, Ponce armó la tarde y salió por la puerta grande el pasado domingo.

Nuestro gozo en un pozo. Ese cartel sublime que solo ha podido darse en Lima en toda la temporada mundial taurina y que debió convertirse en una triunfal corrida histórica (allí estaban los tres más grandes toreros de la actualidad) nos dejó a todos, al final de la tarde, un remusguillo de insatisfacción. Y es que hubo enormes toreros y no hubo toros ni por asomo.

Hace bastantes años, cuando Roberto Puga debutaba en Acho como ganadero, yo titulé mi crónica como “La corrida del miedo” y había una fotografía casi a página entera en la que se veía a un toraco inmenso, absolutamente enmorrillado y que levantaba la adultez de su cara exhibiendo una cornamenta terrorífica. Han ido pasando los años y con sangre pura “Torrestrella” de Juan Pedro Domecq logró este ganadero situarse en el pináculo de la fama al lograr unos toros “especiales”, absolutamente repetitivos y nobles que aguantaban setenta pases y más en todas las faenas con lo cual consiguió que las figuras (incluido últimamente José Tomás) los exigieran para venir a Acho. Con el transcurrir del tiempo, y al empequeñecerlos, la demanda de estos creció y también empezaron las protestas del público ante tanto novillote aunque después saliera boyante (made in Puga). Hoy lamento decirle a Roberto: “Amigo, esta vez te pasaste” y es que no sólo tenían cara de bebés, sino que no dieron ese buen juego al que él nos tenía acostumbrados y que hacía que el público se tragara los pitos de la salida al ruedo.


 


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