LA HAYA
Diferendo, Límites y Perspectivas
Las relaciones peruanas y chilenas encontrarán mejores horizontes cuando tengamos el coraje de confrontar no solo los síntomas, sino las verdaderas causas de una visión antagónica que durante mucho tiempo nos puso de espaldas.
Vivimos momentos auspiciosos pero, coincidiendo con Carlos Ominami de la fundación Chile21, los negocios no lo son todo.
Hay antecedentes muy lejanos de diferencias desde incas y mapuches o Almagro y Pizarro, pero las pugnas y desentendimientos alcanzan su pináculo a partir de la Guerra del Pacífico.
Como consecuencia de esta guerra surgieron visiones antagónicas en nuestras sociedades, con brechas profundas que impidieron avanzar por un camino común.
Se construyeron dos culturas de rechazo mutuo, con marcadas excepciones, situación nunca considerada seriamente por los conductores políticos de ambas naciones.
El ser y sentir colectivo de la sociedad peruana quedó lacerada ante una postura desdeñosa de la chilena.
El antagonismo ha dominado nuestras relaciones, con pequeños espacios cordiales, insuficientes para una efectiva relación vecinal.
Chile recela un irredentismo peruano con revancha y rescate de territorios, pues el subconsciente admite que engendró una cultura de resentimiento.
Perú desconfía del armamentismo chileno y la posibilidad del uso de la fuerza ordinaria.
Anclados en esas posturas, los dos países sufren de agudas desconfianzas, con la duda cabalgando ambos espacios.
En tales condiciones el diferendo sobre límites marítimos no encontró receptividad en la política y diplomacia chilena, perdiendo los dos países una brillante oportunidad para una madura solución directa.
Perú recurre entonces a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) buscando que ese organismo defina en puro derecho el límite marítimo entre los dos países. No a desafiar el honor o la dignidad de alguien.
Los presidentes de ambos países han expresado su compromiso de acatamiento, pese a una renuente desconfianza.
La solemnidad de los compromisos puede marcar el inicio de nuevas formas de relacionamiento vecinal.
Así como fuimos pioneros en la tesis de las 200 millas, podamos serlo en pedagogía de respeto irrestricto a la justicia supranacional en un mundo cada vez más global.
Finalizado el proceso de delimitación marítima, podremos iniciar uno de mayor integración y complementación empezando por Tacna y Arica, dos ciudades en una sola unidad geoeconómica que esperan más de Lima y Santiago.
Los meses venideros demandan serenidad, buena comunicación y templanza en el civismo. Implementada la sentencia, podremos mirar al mar que nos vincula con la gran Asia, con ojos y esperanzas comunes. (Por: Otto Guibovich Arteaga (*) )
(*) Ex comandante general del Ejército del Perú 2008 – 2010