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Opinión “Muy bien, entonces ¿qué tienen en común el ex ministro Villena y el rockero argentino Andrés Calamaro…”.

¿Sabe con Quién Está Hablando?

Ríos de tinta siguen corriendo hasta hoy (8 de diciembre), en torno al affaire del ministro Villena en el aeropuerto de Arequipa. Si yo no fuera amigo de Jorge Bruce, pensaría que todo esto es una campaña pagada a una agencia de comunicaciones para mover la venta de su último libro, ¿Sabe con quién está hablando? Lo cierto es que hasta hoy, un episodio que al lado de lo de La Haya podría considerarse la cosquilla de una mariposa, sigue agitando opinión, desde que ocurrió el 27 de noviembre del mes pasado. Eso significa dos cosas que en el fondo quizás son solo una: la primera, que la población peruana promedio, luego de siglos de haberse mantenido sumisa o indiferente a ese tipo de pachotadas, ahora ya no se deja más. La empleada de una poderosa línea aérea no se detiene ante la imbecilidad de un ministro de Estado y lo denuncia, y persiste y no se agacha. Las redes sociales expresan una indignación que no tiene nada de abstracta, porque día a día todos de una u otra manera nos vemos expuestos a situaciones como la que protagonizó Villena.

El otro significado del asunto es menos bonito, y alude a la defensa cerrada que el gobierno de Ollanta Humala viene haciendo de Villena. Patético es el premier excusándolo con el argumento de que cualquier ser humano comete un error y que el personaje ya se disculpó; o la mismísima Nadine, tan clara y coherente en estos temas, dando el asunto por cerrado pero con una ambivalencia más bien politiquera, llamando a las mujeres peruanas a que no guarden silencio frente a las agresiones de los hombres poderosos. Yo no le entendí nada. Y por último el mismo Presidente, entre silente y críptico, dando a entender, inexplicablemente por qué un hombre que como ministro no le añade al gobierno ni una pepita de ají, que Villena igual se va a quedar. Esta persistencia en un error –que le ofrece en bandeja a Keyko una rascada a Ollanta bastante fundamentada– no hace sino acrecentar la molestia ciudadana al ponerse el cabe que Humala menos necesita en un momento clave de su gestión.

Pero me gustaría ir un poquito más al fondo de la estúpida anécdota de Villena, preguntándome por qué cualquier persona en cualquier clase de poder, se siente con derecho a sobrepasar las obligaciones de la medianía, aun las más estrictas. Pues las medidas de seguridad en los aeropuertos se cuentan entre los mecanismos de seguridad que más obligan. En el caso de los políticos de medio pelo la respuesta es más o menos sencilla. De no ser nada se pasa a lo que ellos creen que es mucho, y no solo deben demostrarlo sino hacer lo imposible para no caer del pedestal y volver a ser una cagarruta. Siempre he pensado que los mejores políticos son aquellos que por solidez económica, solvencia moral y clase, no pierden nada si salen del cargo, porque están en este para servir. El caso de Calamaro ya me resulta más complicado de entender.

En noviembre de 2010 yo estaba en la sala de espera del mismo aeropuerto de Arequipa, en minutos nos iban a llamar para embarcar. De pronto en el chequeo de seguridad se arma un escándalo bien sonoro y con inequívoco acento argentino. Me fui a oletear y era Andrés Calamaro y su corte, tratando de pasar a la sala sin que los controlen, porque perderían el vuelo. Habían llegado al counter ya con el vuelo cerrado pero una amable funcionaria les permitió entrar. Lo que pasaba es que Calamaro y sus dos productoras, unos hembrones de dos metros cada una antipáticas como ratas agonizantes- estaban vestidos de negro llenos de remaches de metal, y cada vez que pasaban por el arco electrónico, este sonaba como la María Angola en Corpus. Y entonces tenían que quitarse algo de ropa y volver a pasar. Como usted y como yo. Hasta que el genio de Alta Suciedad se cansó y se arrancó a gritar, ¡”Hijos de puta, lugar de mierda, quién se han creído que sos vos…!” y varios títulos más para próximos libros de Jorge Bruce. Muy bien, entonces ¿qué tienen en común Villena y Calamaro?: que para ambos, Nada fue un error. (Escribe: Rafo León)


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