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“Eye tracking” y destino exacto de una mirada

Neuromarketing y “eye tracking”: dos estrategias que forman parte de las más inocentes compras de supermercado. Una cosa es leerlo. Otra, verlo. Lo más inquietante, quizá, sea aquel baño donde una señora ensaya las bondades de un shampoo en la ducha misma. Alrededor, cámaras de video filman cada uno de sus gestos. La escena, en las instalaciones de Procter & Gamble en Cincinnati, corresponde a los diversos tipos de estudio de mercado para conocer la verdadera opinión de los usuarios más allá de lo que la cortesía o el pudor les permitiría comentar en un focus group.

Segunda escena: un hombre se lava los dientes en un lavabo provisto de cámaras que filman cómo y cuánta pasta dental vierte sobre su cepillo, la forma misma en que cepilla sus dientes, y hasta su personalísimo estilo de enjuague y escupitajo. La finalidad: desarrollo de dentífricos que satisfagan a distintos tipos de consumidores, como en el caso de las recientes pastas de Oral-B introducidas en el mercado local. Así, en esta suerte de Gran Hermano del marketing, los fabricantes pueden conocer hasta al más mínimo detalle lo que agrada o desagrada al público, apelando hasta al perturbador “eye tracking” para ubicar el punto exacto al que se dirige la mirada humana, y por cuánto tiempo. Nada se escapa.


 


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