Entrevistas Los sueños de Bernardo Roca Rey.
En Busca de Nuevos Mundos
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Nieto de Luis Miró Quesada, Roca Rey se hizo periodista cuando, antes de los 16, le dieron una cámara en el diario. |
Bernardo Roca Rey Miró Quesada (67) nació y creció al socaire de la opulencia familiar y empresarial. ¿Esto lo marcó? ¿El haber nacido “de buenos pañales” como dicen los andaluces lo convirtió en un pituquito más? Nada de esto pasó. Se formó “entre dos aguas”, ya que siempre recuerda con intensidad el enorme cariño que le tuvo su nana hasta el punto de compartir con la familia de ella muchos domingos llenos de felicidad. Ahí descubrió un primer mundo nuevo y antinómico que le sirvió como detonante para seguir, a lo largo de su vida, enfrentando las incógnitas del porvenir y sus alumbramientos creativos sin calentar demasiado la silla como lo hacen normalmente los que prosperan ejerciendo la paciencia en el trabajo monolítico. Ahora, en el restaurante Costa Verde, confirmo mi creencia de que Bernardo Roca Rey es un hombre curtido por la vida, afectuoso y tolerante en su forma de ser y que no está hecho para dejar para mañana lo que pueda hacer hoy. O pensar hoy. Hay un dinamismo indudable en su carácter que lo lanza a la fabricación de mundos nuevos aplicando metodologías científicas basadas en los ensayos previos y la pura praxis. Y así ha transcurrido su vida. Sobran estas palabras de introducción. Pasemos a la entrevista para poder ver a Bernardo Roca Rey en su propia salsa. Vamos allá.–¿Sus orígenes?
–Soy hijo de Bernardo Roca Rey y Elvira Miró Quesada (Viruca para los amigos) ambos fallecidos. Mi padre era diplomático y fue embajador del Perú en México, Costa Rica e Israel en donde estuvo 10 años incluyendo en ellos la guerra de Yom Kipur. Mi madre era hija del director de El Comercio, Luis Miró Quesada. Fue mi abuelo Luis para mí el mejor de los maestros de periodismo que pueda soñarse, ya que cuando yo era jovencito (tenía 13 años) nos fuimos a vivir mi madre y yo con él porque mis padres se habían divorciado. Esta relación de abuelo-nieto se convirtió en educación por parte de mi abuelo, ya que él sustituía en parte a mi padre. Él todas las noches escribía el editorial de El Comercio y mientras él escribía en su oficina, yo observaba los talleres, linotipias, fotografía y todo el movimiento nocturno de un periódico que nace cuando el alba se despierta. Pasé de observador a periodista cuando me dieron una cámara fotográfica.