Gastronomía Esplendor y evolución del sánguche peruano en libro “Entre Migas” del cocinero Renato Peralta.
El Mejor Amigo del Hambre
 |
Mi Sánguche, creación del chef Christian Bravo: 500 gramos de entraña Black Angus, queso Edam, ají amarillo, palta, cebolla, sal de Maras y a cobrar. |
Sánguche, una palabra tuya bastará para saciarme. La primera parte de tu nombre es un zambullido sonoro en el territorio de la apetencia, siendo la segunda la confirmación engullente de la consumación masticable. Los tres tiempos del trisílabo evocan la genuina trinidad conformada por la suma de dos nobles escoltas de pan y su inquietante contenido, trío que es uno y trino en cuerpo y calma, anticipación que gotea lujuria con una voracidad no distinta a la de su símil carnal –el pan con pescado– que fuera de los linderos del catre es también, y cómo no, estupendo bocado propio de la plenitud mañanera.
Renato Peralta, que entre panes vive, piensa y come, ha decidido honrar el triunvirato supremo del comer portátil. Para ello, entre las dos tapas de un libro –
Entre Migas, Los Asombrosos Sánguches Peruanos (Walter H. Wust Ediciones)– ha reunido 178 páginas de suculento contenido sanguchero. Así recorre con reverencia las recetas de quince sánguches clásicos –del chicharrón al pan con pavo, pasando por el hot dog, hasta el pan con asado–; luego comparte con magnificencia catorce recetas propias (cítese como muestra pavloviana de salivación el
brioche planchado con hongos salvajes a la sartén, queso Gouda, huevo frito y arúgula al aceite de oliva); y cierra la edición invitando a dieciséis cocineros a presentar su personal interpretación del tema en cuestión, fórmulas incluidas. En este último capítulo, Peralta da cuenta de, ojalá, una revelación de la charcutería nacional, Renzo Garibaldi, quien presenta una suntuosa hamburguesa que es amalgama salvaje de ternera y tocino ahumado.