Medio Ambiente El poeta –y cultivado esotérico– Rodolfo Hinostroza tiene dos noticias: la buena es que el viernes 22 empieza la Era Sexto Sol. La mala es que el día anterior acaba el mundo tal como lo conocemos.
Un Día Antes del Diluvio
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“Nadie sabe de qué magnitud será la catástrofe, grande, mediana o chica…”, dice Hinostroza. |
En la tradición andina, el Diluvio es llamado Unu lloqllay Pachacuti, que se traduce aproximadamente como “Mundo vuelto al revés por causa de las aguas”, y es precedido por la aparición de la serpiente Amaru que mora en el fondo de la tierra. Es por eso que también se interpreta como Revolución, cambio integral, y es sin duda por ello que el cacique José Gabriel Condorcanqui adopta el nombre de Túpac Amaru, porque simboliza el cambio radical que el cacique quiere introducir en el Perú expulsando a los invasores españoles.
Y así como en el Perú, en multitud de países a lo largo y ancho del mundo, el Diluvio es una pieza fundamental de su cosmovisión: entre los judíos está la tradición del Diluvio enviado por los dioses para castigar a la impía humanidad: el Arca de Noé salva a muchas especies de animales y a una pareja humana que repoblará el planeta, en una muy arcaica tradición que recoge la Biblia.
Entre los babilonios está el poema de Athrahasis, “El muy sabio”, que cuenta cómo los dioses lo previnieron del Diluvio y le pidieron que construya una nave en forma cúbica, una especie de porfiado que las aguas nunca podrían hundir, y por ello se salvaron los primeros hombres. En Grecia está el mito de Pirra y Deucalión, que repoblaron el mundo pasado el Diluvio, y hasta los mapuches de Chile tienen un mito extraordinario, que habla de dos serpientes que habitan el cielo, la luminosa o Treng Treng Vilú, y la oscura Cai Cai Vilú y cada cierto tiempo se alternan en el dominio del cielo, causando inmensas inundaciones. En fin hasta en las culturas más remotas del mundo existe la tradición del Diluvio Universal.
Pero se trata de una catástrofe mundial, y única, o es una catástrofe periódica, que se reproduce cada cierto tiempo porque forma parte de los ciclos de la naturaleza a los que el planeta está sometido? Para los mayas de México y la América Central es sin lugar a dudas esto último, porque cada cambio de era, –que ellos llaman Sol y dura la friolera de 5,125 años– termina en una catástrofe en que el planeta va a perecer por obra del agua, del viento o del fuego, para abrir paso a una nueva era que renovará a la sufrida humanidad.
Según el cómputo maya –no olvidemos que los mayas fueron los más grandes astrónomos de la antigüedad, cuya precisión en los cálculos solo ha podido ser superada por la NASA– la era actual, o Quinto Sol, termina el 21 de diciembre del 2012, o sea mañana, y al día siguiente comienza la nueva era, o Sexto Sol, que irá a durar otros 5,125 años. El problema es que nadie sabe de qué magnitud será la catástrofe, grande, mediana o chica…
No será el fin del mundo, eso se da por descontado. Más justo sería pues llamarlo el Fin de Nuestro Mundo, un vuelco tremendo del planeta que conocemos, para pasar a otra etapa opuesta y superior. Opuesta, porque cesará el predominio del género masculino, depredador y guerrero, posesivo y obsesivo, para dar paso al género femenino, fértil y creativo, pacífico e inclusivo, que dominará el mundo en los próximos milenios. Y superior, porque esto significará pasar al siguiente escalón de nuestra evolución filogenética, es decir como especie humana.
Se estima que una buena parte de la humanidad cree que algo muy gordo va a ocurrir. Un 20% de los chinos, un 20% de los americanos, un 15% de los europeos, un 5% de los latinoamericanos, etc., y si bien se contabiliza son cientos de millones de seres humanos que van a estar pendientes de los acontecimientos que sucedan el 21 de diciembre del año en curso.
Pero la NASA y su coro de ayayeros se desgañitan en 10 idiomas desmintiendo que algo vaya a pasar, negándolo todo como un abogado mañoso. ¿Pero acaso sus científicos han investigado la vinculación de los mitos con ciertos fenómenos físicos como los Cinturones de Van Allen, descubiertos hace apenas medio siglo, y que corresponden punto por punto a las Serpientes Cósmicas de las antiguas culturas, que regían la vida de los seres humanos? Estas serpientes tenían desde luego rango de dioses en la antigüedad, pero apenas fueron descubiertas por los cohetes Voyager I y II, porque son invisibles al ojo humano, y ya los “científicos” gringos les mandaban 4 bombas atómicas que estallaron sobre ambos cinturones con fines dizque experimentales, y tuvimos la suerte de que estos resistieran a la barbarie gringa y no fueran destruidos, de lo contrario toda vida en nuestro planeta hubiera sido aniquilada, pues los cinturones tienen como función protegernos del letal viento solar que todo el día barre nuestra Tierra como un soplete cósmico.
Más seguro es confiar en la tradición, y esta nos dice que de todos modos va a ocurrir algo en nuestro planeta, algo en lo cual el agua y la luz van a ser los principales protagonistas, de manera que si usted ve aparecer en el cielo una luz muy blanca, intensa y perlada, atravesada por manchas de colores como la Aurora Boreal, trépese al cerro más cercano, a los poderosos Andes impasibles, pues el siguiente movimiento de este drama cósmico va a ser protagonizado por las aguas, aguas de lluvia, aguas de tsunami, aguas subterráneas que afloran o cambian de curso, aguas, aguas, aguas…. Y la promesa de un futuro espléndido…. (Escribe: Rodolfo Hinostroza)