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Dakar Sin grandes ambiciones a primera vista, la Fuerza Inca busca mejorar sus posiciones de partida de los próximos años, en un Dakar que llegó para quedarse.

Peruanos en la Odisea

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Mendoza fue de los que más corrió en la edición del 2012, pero no llegó a la meta. “¿Qué prefieren? ¿Ir a por todo o llegar para la foto en la meta?”, pregunta.

Uno no se sube al auto. Uno se pone el auto”, asegura Luis Mendoza, piloto peruano de rallys, que competirá junto a su hijo Luis Mendoza Jr. en el Dakar 2013. ‘Lucho’, como buena parte de los demás competidores nacionales, forma parte del circuito de pilotos que encontró el rally Dakar cuando aterrizó en Sudamérica. Un grupo con larga experiencia en Caminos del Inca, cross country y campeonatos nacionales de rally, que migró entusiasta hacia el rally raid más complicado del mundo.

ZORROS DEL DESIERTO

Este año, la Fuerza Inca cuenta con los jales de Ramón Ferreyros y Raúl Orlandini, y suma 26 pilotos –15 automóviles, 7 motocicletas y 4 cuatrimotos– que partirán en Lima con destino Santiago. La localía les evitará mayores complicaciones logísticas antes de salir, pero, aseguran varios, la emoción de partir en casa puede costarles muy caro.

“Se supone que conoces tu terreno, pero puede ser engañoso, y el público te exige mucho más, cuando el rally raid consiste en aguantar”, explica Juan Dibós.

El equipo Alta Ruta 4x4, que suele trabajar en travesías en el desierto, conoce mejor que nadie las dunas del sur. Hace un año, fueron su recta final hacia el segundo lugar en la categoría T 1.2. y el 49 en la general. Liderados por Francisco León, saben, sin embargo, que la experiencia a veces no es ninguna ventaja.

Dibós coincide: “29 años en rally te hacen más rápido de lo necesario”. Mayor velocidad es menor capacidad de reacción ante los imprevistos, que abundan en el Dakar y que provocaron su abandono por volcadura en la edición 2012.

Por eso, el principal objetivo de todos será llegar. “Es la prioridad, para tener un mejor orden de partida en el 2014 y, ahí sí, tentar una mejor posición”, afirma. Partir primero significará evitar la tierra gastada y arriesgar en los sobrepasos. Peterhansel lo sabe bien.

LLANEROS SOLITARIOS

Los motociclistas y cuatrimoteros parten con el mismo propósito, pero con una desventaja básica: viajan solos.

“Lo más difícil es la navegación. Puedes ser el más rápido y tener la mejor moto, ¿pero si te pierdes?”, pregunta Tato Heinrich, piloto de Honda y del equipo Nextel. “Gana quien interpreta más rápido el roadbook según las condiciones de pista”, agrega.

“Es un reto mantener la concentración mirando a la vez la hoja de ruta a 70 km/h”, asegura Felipe Ríos, también de Nextel, a bordo de una KTM. Además de los obvios peligros de deshidratación, desesperación y pánico si se perdieran en medio del desierto.

Ambos amateurs, llegaron al rally raid a los 30 (“antes uno es más explosivo, le gusta el codo a codo”) y pretenden cruzar la meta entre los 30 mejores en Santiago. Este año, solo Ríos finalizó la prueba.

“Fui feliz porque, siendo amateur, llegué 49 delante de varios profesionales”, afirma. Competir contra Cyril Despres o Hélder Rodrigues ya demanda otro nivel. “Ellos llevan no solo un equipo detrás, sino un piloto de repuesto, o mochilero, porque solo otro competidor te puede asistir durante una etapa”.

VENCER A LA MENTE

Después de superar los obstáculos para acumular el dinero suficiente, y una preparación física de meses, llega la misión más complicada del Dakar: mantener la concentración.

“Ocho horas en un vehículo viendo tierra, tierra y tierra… A veces ya provoca irse y dejar todo”, asegura Dibós.
“Por eso ves pilotos mayores (de 30). Para mentalizarte necesitas madurez, más cabeza”, explica Ríos.

Los rallys de preparación de Heinrich y Ríos, las horas de entrenamiento aeróbico de Dibós, las travesías de Mendoza en San Bartolo y la experiencia de León y compañía empezarán a pagar el 5 de enero, en un ciclo que promete continuar y hacerse más grande en los próximos años. Porque el Dakar no se moverá de aquí pronto.


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