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Santo y Seña

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El arzobispo de Lima pasó el 21 de diciembre en un almuerzo navideño en Manchay.

El cardenal Juan Luis Cipriani cierra el año con nueva ofensiva contra la PUCP y prohíbe a sacerdotes enseñar teología ahí.



El cardenal Juan Luis Cipriani pasó el fin del mundo en Manchay.

Hasta allí llegó el 21 de diciembre último para participar en un almuerzo navideño con los niños de la zona.

Del fallido apocalipsis maya dijo que no hacía más que “confundir a la gente” mientras “algunos graciosos se burlan de nosotros”.

Interrogado por los periodistas, comentó la nota que apareció en la edición anterior sobre los planes de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL) para acceder a la denominación de “Católica”.

“Tampoco sé nada”, dijo. “Me ha dado una sorpresa la revista CARETAS, como siempre, pero no tengo mayor conocimiento”. E ironizó: “Yo lo que puedo decir que es lo que la Iglesia hace. Lo que hace CARETAS que lo diga CARETAS”.

Y aprovechó para “decirle a la Universidad Pontificia Católica que escuche al Santo Padre y que de una vez regrese al seno de la Iglesia”.

En el campus de la PUCP no comprenden ese llamado a la concordia cuando, en los últimos días, se confirmó que Cipriani no ha renovado el permiso de enseñanza –la venia docendi– que requieren los sacerdotes que dictan clases en el departamento de teología de la universidad.

La PUCP no imparte títulos de teología. Pero los cursos se dictan como parte del currículo de varias carreras. Para Filosofía, por ejemplo, son obligatorios. De los seis profesores principales, cinco son religiosos. Además hay cuatro asociados.

Aunque la universidad no ha emitido un comunicado oficial al respecto, se ha interpretado la medida –o en realidad la omisión– como una nueva declaratoria de guerra del cardenal. Se preguntan si su próximo paso consistirá en prohibir, por ejemplo, la celebración de misas, ya que el capellán cuenta, como corresponde, con la licencia emitida por el arzobispo de Lima.

Por su parte, Raúl Diez Canseco recibió a CARETAS en la capilla de la USIL para explicar sus planes. Anunció que en enero presentarán los expedientes a Roma.
La idea, cuenta, “nació hace cuatro años, cuando averiguamos la diferencia entre Pontificia y Católica. El primero es más delicado porque perteneces a la Iglesia y estás dentro de un derecho canónico complicado donde tus autoridades tienen que pasar por un filtro. En el caso nuestro somos seculares, católicos practicantes, pero tenemos alumnos procedentes de todas la fes”.

Recuerda que le comentó la idea hace dos años a Cipriani “y me miró como si lo estuviera palabreando. Me imagino que cuando manden el expediente a Roma tiene que haber una opinión de la Iglesia aquí y como él es el arzobispo de Lima su opinión es importante. Los primeros que tienen que darte luz verde son los de acá. Y ahí no creo tener ningún problema porque quien nos conoce al revés y al derecho es el cardenal Cipriani. Quien consagró esta capilla fue él”.

El ex vicepresidente considera que “manteniendo las diferencias, es como cuando tú vas a buscar una franquicia. Exactamente lo mismo. Tienes exigencias, requerimientos, compromisos que cumplir. Y, dos, tus actores tienen que ser gente que no esté enfrentada con la Iglesia. Es impensable que una institución que para criticando al Papa y no cree en Dios va a ser católica”.

Si no corre el riesgo de que el trámite pueda relacionarse con el problema de la PUCP, responde que “hasta cuándo vamos a esperar. Pensé que van a creer que somos unos oportunistas, pero ya acabó el tema. Hay universidades católicas en Arequipa, la Sede Sapientae, y qué lindo sería que la San Martín sea también católica. Por qué no, si fue fundada por dominicos”.

Diez Canseco sostiene que cuando una universidad es católica, la Iglesia “no se mete en nada” en términos económicos. “La injerencia es espiritual”.

Pero, de hecho, es ilustrativo el caso de la Universidad Católica Santa María, enfrentada con el obispo conservador Javier del Río, que de algún modo replica en tierras characatas el lío de Fundo Pando.

Cabría preguntarse si la USIL se plegaría a la famosa carta pastoral Ex Corde Ecclesiae, que le otorga a Roma –y al obispo– poderes que van mucho más allá del aliento moral.

Sobre la PUCP considera que “en su testamento, Riva Agüero le lega su fortuna a la universidad para que se desarrolle con valores católicos. No pueden pasar los años y cambiar lo que dice el testamento. Si no fuera por Riva Agüero, no habría universidad”.

Añade que “la Iglesia le está quitando el nombre y el único que te lo podría quitar es el dueño de eso. Pontificia y Católica son nombres de la Iglesia cristiana, católica apostólica y romana. Quien te lo da tiene el derecho a quitártelo”.


 


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