Dakar Alojamos durante una semana una fiesta políglota y multicolor que, de a pocos, nos empezamos a apropiar.
El Paso Peruano del Dakar
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La formalidad de la largada no implicó un menor monitoreo por parte de los equipos. |
Dice la organización del Rally Dakar que 110 mil personas acudieron al Village de Magdalena la semana pasada, felices con el cierre de la Costa Verde, cuando protestaban por las obras apenas días antes. Que un millón de personas acompañaron la ruta del sábado, desde la partida en Agua Dulce hasta Pisco. La relación de los limeños con el Dakar se mide en niveles de bronceado, tostado o erisipela.
El sábado, 100 mil en Agua Dulce cantaron “¡Perú, Perú!” 26 veces, por cada peruano que atravesó el podio de partida, vieron las avionetas de Red Bull amagar con caer sobre sus cabezas y dejar formas con sus estelas de humo en el aire, y se dejaron empalagar de colores por los 459 vehículos. Se fotografiaron hasta con los carros de hospitality, y vivieron una celebración que todavía no comprenden del todo. Pero lo harán, porque, en parte gracias a esa locura, la carrera no se va a mover de aquí. Es un decir, claro.
EMBAJADA EN EL DESIERTO
Después del día 1, la segunda urbe más grande del mundo ubicada en un desierto se volcó otra vez sobre sus orígenes. Cientos de limeños hicieron la peregrinación de 4x4 hasta los puntos de paso donde todo es arena, y se fotografió con ella, en la cima de una duna, mientras esperaba la llegada de Despres y compañía. Las motos, las cuatrimotos, las camionetas y los camiones llegaron pronto, para transitar 5 metros de huella a menos de 5 metros de un público temerario. ¿El espíritu del desierto? Así decía Prom-Perú.
“Sáaanguche de pollo, cervecita helada”, bromeaban los que subían a las dunas, cooler en mano. En el vivac –el megacampamento de motores encendidos, hombres descamisados y prensa–, la oferta era novoandina e internacional: pastas, ensaladas, yogur y ensalada de quinua con cebolla y queso. En el stand de Prom-Perú, servían cebiche de pallares. En múltiples idiomas, los participantes de esta Torre de Babel decían… ¿está rico? Todo era sonrisas, por lo menos.
En medio del enclave de holandeses, rusos, checos, ucranianos y, sobre todo, franceses, el Perú se siente más fuera del vivac que adentro. Los Duros se fotografían con el público, el equipo lituano compra sus polos piratas del Dakar a 3 por 100 soles, los vehículos entran y salen, y el peruano toca los carros, le abre la puerta a Ronan Chabot, le da la mano, quiere una firmita y quiere su guante.
En la primera noche en Pisco, la prensa acreditada de pulserita azul hace cola para cenar. “No puede pasar”, dice el vigilante nacional, que tiene el poder sobre esta entrada, y sobre las verduras salteadas que nos esperan al otro lado de la valla. Entonces lo confirmamos: el Dakar ya es peruano (Liliana Michelena).