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Opinión Sobre la revocatoria y los cuadros parlamentarios del futuro.

Competitividad Municipal y Parlamentaria

2013 se ha iniciado –cuándo no– con dos escándalos mediáticos: el debate en torno de la revocatoria de la alcaldesa de Lima Metropolitana y el aumento de los emolumentos de los congresistas de la República.

Ambos son de suma importancia por muchas razones.

Más allá de las ambiciones partidarias y las consignas ideológicas, hacía mucho tiempo –me atrevo a decir desde la decisiva gestión de Luis Bedoya Reyes– que no se veía en nuestra capital una gestión municipal con la visión de mediano y largo plazo que exhibe Susana Villarán y su equipo.

Se puede y debe criticar constructivamente ciertas fallas de su gestión edil, así como los problemas en su capacidad para comunicar con la opinión pública, asuntos fácilmente superables pues no son de fondo, pero cabe apreciar y elogiar la concepción integral e integradora de sus propuestas para hacer de Lima –a pesar de sus grandes pecados originales– una ciudad habitable e inclusiva.

En mi larga trayectoria profesional he vivido en grandes ciudades –Roma, Milán, Santiago, Washington, D.C., Bogotá, Nueva York, Ottawa, Brasilia, Londres, entre otras– y de esta útil experiencia pude observar en sus autoridades ediles un común denominador por encima de diferentes culturas y latitudes.

Este es el racional diagnóstico de la problemática urbana y la planificación estratégica, a lo largo de varias administraciones, de los programas y proyectos que habrán de acometer con buen éxito la solución de las grandes cuestiones que dificultan su desarrollo.

Por ello, sería muy negativo para el futuro de Lima desperdiciar/revocar a la actual administración municipal que, dentro de una gradual y dialogante aproximación, viene proponiendo fórmulas de solución que concilian la tecnología moderna con la esencial dimensión humana de los problemas.

La eventual transición posrevocatoria no solo desarticulará al equipo y a los programas, sino que enervaría la gestión municipal, al menos, por dos años.
¿Será peor el remedio que la enfermedad?

No tengo duda de ello. Además, no sabemos qué vendrá después para Lima, capital caracterizada tradicionalmente por el complaciente y concesivo talante de sus autoridades municipales, molde en el que, sin duda, no cabe la personalidad ni la ejecutoria de doña Susana, quien ha chocado frontalmente contra intereses y personas que se benefician del caótico e indeseable statu quo de nuestra capital.

Por otro lado, observamos cómo se desgañitan los contradictores de oficio, así como los espontáneos de siempre, porque los padres de la patria decidieron recuperar inopinadamente su nivel de ingresos que percibían hasta 2006, cuando una súbita medida presidencial los empobreció al 50%, al igual que al resto de los funcionarios de todos los poderes del Estado.

No cabe duda de que el desempeño y el rendimiento de los congresistas dejan mucho que desear. Pero ese resultado tiene otro origen.

Es por eso indispensable incluir en las reformas constitucionales una que califique los requisitos para ser congresista, como ocurre en cualquier estamento del Estado o del sector privado.

Además, dentro del proceso de maduración y modernización de la vida política del país es perentorio disminuir la absurda dispersión y proliferación de partidos y agrupaciones políticas, lo que habrá de propiciar una mayor concentración de esfuerzos y de recursos humanos capacitados con miras a las próximas elecciones de 2016.

Esta mejora en la competitividad parlamentaria debe comportar una sustancial apreciación de los haberes y estipendios de los congresistas, si no ahora por la virulenta oposición de la opinión pública, sí más adelante como viene ocurriendo en otros sectores del Estado.

Nada podemos hacer ahora con el prestigio, o falta de él, de los actuales miembros del Congreso. Pero sí es muy necesario que las remuneraciones sean incrementadas, para que el próximo Congreso sea integrado por los mejores cuadros, políticos o no, que propongan los partidos y las agrupaciones cívicas en favor de la consolidación de la democracia y el desarrollo integral del país.
El promisorio futuro del Perú exige contar con un Poder Legislativo de primer orden, igual de eficiente y probo que el Ejecutivo.

Todos son responsables de combatir la corrupción y conducir al país hacia metas de paz social y progreso económico. (Escribe: Hernán A. Couturier Mariátegui *)

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*Diplomático de carrera. Politicólogo, profesor y analista de relaciones internacionales. Embajador en Zimbabwe, Canadá, Bolivia, Brasil y Reino Unido. Representante alterno en NN.UU.


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