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Lima: Trago Amargo
Lima recibe su cumpleaños número 478 en medio de la incertidumbre. El inédito proceso de revocatoria a la alcaldesa Susana Villarán y los 39 regidores podría terminar, según las encuestas, con una administración transitoria y nuevas elecciones hacia fin de año. En un cruel giro electoral, los sondeos arrojan que los sectores populares son los más inconformes con la gestión. Pero los móviles de los impulsores del proceso son severamente cuestionados. A su vez, el ex alcalde Luis Castañeda reaparece como clara posibilidad de relevo en caso Villarán sea revocada.
Las próximas páginas abordan las respuestas a preguntas esenciales:
- ¿Cuáles fueron las razones que han dejado a Villarán con una impopular percepción ciudadana?
- ¿Qué hará para intentar revertir la situación?
- ¿Cuál es el verdadero balance de su gestión hasta el momento?
Cruel Mapa Electoral
La alcaldesa tiene ocho semanas para revertir la tendencia.
Para Susana Villarán, el accidentado trazo de los sondeos de opinión ha sido muy distinto a un paseo en línea recta del Metropolitano por el zanjón.
En octubre del 2010 se impuso por menos de un punto a Lourdes Flores. Más exactamente, 38.4% contra 37.5%. Una diferencia de 38,022 sufragios en un universo de 4’541,802 votos válidos.
En números de Ipsos-Apoyo, comenzó su gestión en enero del 2011 con una aceptación de 46%. Un auspicioso y esperanzador respaldo.
Pero la luna de miel con el electorado duró lo que un amor de verano.
Un rápido descenso, que recuerda al clavado inicial de Alejandro Toledo en el 2001, no ha podido ser remontado.
Hoy se traduce en una intención de voto por la revocatoria que se encuentra en alrededor del 60%.
Vista en perspectiva, la secuencia con la que se abrió varios frentes incluso antes de comenzar su gestión –se peleó con sus regidores zurdos y, sobre todo, se fue contra la administración de su predecesor Luis Castañeda– parece haber precipitado ese primer descenso.
Entre febrero y marzo del 2011 perdió 11 puntos.
En la quincena de marzo había presentado su auditoría sobre la gestión de Castañeda, que le dio en la línea de flotación a una candidatura presidencial que, luego de puntear cuatro meses atrás, ya venía perdiendo aire.
Según el sondeo de entonces que presentó Ipsos-Apoyo, si bien varios de los aspectos del informe eran “considerados creíbles por un sector mayoritario de la opinión pública”, la mitad de los capitalinos consideraba “que el informe de Villarán tuvo una intencionalidad política”.
La alcaldesa llegó al sótano popular en enero del 2012, luego de que las olas se llevaran la arena del remodelado malecón de La Herradura.
Se le acusó de inaugurar la obra antes de tiempo y le mancharon la pechera a la que podía haber sido uno de sus emblemas con la inversión en La Costa Verde.
Su imagen positiva era de apenas 16%, según Ipsos-Apoyo.
A lo largo del año pasado fue recuperando ritmo y los hechos de La Parada en octubre no tuvieron un efecto sísmico en su popularidad, como se pudo haber esperado.
Cerró en diciembre con 30% de aceptación, pero otras olas –las del Rímac– volvieron a jugarle en contra.
Al cierre de edición, Ipsos-Apoyo no presentaba aún su estudio de enero, pero los de CPI y Datum registraban los estragos del huayco. Para el primero su aceptación descendía de 26% a 23% y para Datum, de 34% a 27%.