Automóviles El viejo idilio entre conductores y fierros vuelve a encenderse en la estela del Dakar y el Encuentro Automotor AAP.
Romance Sobre Ruedas
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Luiggi Nicolini (atrás), el de los fideos, se luce junto a su familia a bordo de un auto Spa en 1919. |
No es andar en coche, es ponérselo. Lucirlo. Mimetizarse con él hasta el punto en que el cerebro y la máquina se fusionan para dar origen a una nueva entidad acaso más potente y –si se da el caso– más elegante que la anterior. Encenderlo toma un segundo pero una vez arribado al destino, nadie le quita al piloto lo manejado.
Para Edwin Derteano, curtido automovilista, empresario y presidente de la Asociación Automotriz del Perú (AAP), el automovilismo es casi un don. “Mi pasatiempo favorito de niño era coleccionar Dinky Toys y Corgi Toys (réplicas en metal de autos clásicos). Éramos una generación bien tuerca. Soñábamos con manejar esos autos algún día”, dice. Y vaya que lo consiguió. En 1954, se hizo de un viejo Chevrolet Roaster del 27 al cual trasplantó motor, caja y corona nuevos y lo convirtió en su primer “Hot road” (auto adaptado para carreras). “Competíamos furtivamente en los piques desde Miguel Dasso hasta La Herradura. La gente con auto nuevo me miraba con lástima pero luego lloraban porque yo me los comía con zapato y todo en la carrera”, recuerda.