Turismo Tres norteamericanos que hacían un recorrido en su caravana son atacados brutalmente por miembros de la comunidad de Ocongate en plena ruta a Machu Picchu.
Turismo y Desventura
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Domingo 30 de diciembre, 7:30 am. Jed Wolfrom, su esposa Meghan Doherty y su hermana Jennifer tras 11 horas de salvaje golpiza. |
Los esposos Jed Wolfrom y Meghan Doherty se despidieron del frío estado de Wyoming, en EE.UU., hace 9 meses.
Miles de kilómetros separaban a la pareja de la Patagonia, en Argentina, destino final de una singular travesía por Latinoamérica que arrancó el 1 de abril del 2012.
Hicieron un alto en Cusco, el 22 de diciembre pasado, para reunirse con Jennifer Wolfrom, la hermana de Jed, y celebrar juntos Navidad y Año Nuevo.
No imaginaron que en Perú conocerían el infierno.
El sábado 29 de diciembre fueron atacados salvajemente por 30 campesinos de Pallca, un pueblito ubicado a 20 minutos del distrito de Ocongate, y que forma parte del corredor turístico que lleva a Machu Picchu.
Fueron rescatados por la Policía, pero su estado era lamentable: los tres turistas necesitaron 100 puntos para suturar sus heridas y a Jed prácticamente le reconstruyeron la boca.
¿Qué pasó en Ocongate?
LA TRAVESÍA
Jed y Meghan se conocieron en 2005 cuando esquiaban en el resort Jackson Hole y antes de siquiera pensar en tener hijos, ya estaban pergeñando un itinerario para atravesar el continente.
Adquirieron una caravana Toyota Tacoma TRD, a la que bautizaron como “The Hood Rat” (La rata con capucha) y crearon el blog “Adventure Americas” como una suerte de diario y al mismo tiempo un gancho para atraer sponsors.
Las ruedas se pusieron en marcha.
Partieron de Wyoming el 1 de abril del 2012 y recorrieron California, México, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador.
Cruzaron la frontera hacia Perú el 21 de diciembre y, como no podía ser de otra manera, enrumbaron directo hacia el Cusco.
Jennifer (30), hermana de Jed, aprovechó sus vacaciones para incorporarse al peregrinaje en el Cusco.
El trío pasó Navidad explorando el nevado Ausangate. Emprendieron el regreso para ir a Machu Picchu, el sábado 29.
La noche los sorprendió a mitad de camino, por lo que decidieron estacionar la caravana a la altura de Pallca, un poblado a 20 minutos de Ocongate. Tenían pensado acampar allí. Eran las 6:30 pm.
Dos aldeanos emergieron de las sombras y se acercaron a ellos soplando sus silbatos para alertar a los vecinos. De pronto, los gringos se vieron rodeados.
PESADILLA EN PALLCA
Nos pidieron nuestros documentos y nos negamos porque no eran policías. Lucíamos nerviosos por la presión. Dijimos que mejor nos íbamos, pero no dejaban que mi hermano cerrara la puerta”, relató Jennifer en su blog.
Jed pisó a fondo el acelerador, pero la turba bloqueó el camino y empezó a lanzarles piedras.
La pesadilla había empezado.
Los turistas utilizaron dos rociadores de pimienta, lo que exacerbó aún más a la muchedumbre.
A Jennifer la golpearon el rostro y a Jed lo molieron a golpes al punto de quebrarle cuatro dientes frontales.
En medio de la desesperación, los tres turistas escaparon. “Corrimos por nuestras vidas por una hora, sorteando colinas y ríos. Recibimos múltiples golpes de proyectiles en la cabeza y cuerpo hasta que nos rendimos. Fuimos capturados por los campesinos y traídos de regreso a la comunidad. Estábamos cubiertos en sangre”, relató Jennifer.
Fueron llevados al colegio de Pallca, donde los despojaron de todas sus pertenencias por US$ 10,695.
“Muchos de los hombres y mujeres gritaban que nos maten. Nunca dejamos de disculparnos por el malentendido, pero ellos replicaban con golpes y azotes con sogas de arriero en medio del interrogatorio”, contó Jennifer.
“A las 5:00 am, tras 11 horas de golpizas, volvimos a la camioneta. Todas las ventanas y la campera habían sido destruidas. Saquearon el interior y desperdigaron los objetos por el lodo. Nos ordenaron aguardar a la Policía antes de remolcar la camioneta”, prosiguió.
Cuatro agentes del puesto policial de Ocongate, incluido el comisario Hernán Peralta, arribaron a Pallca a las 7:30 am.
Las fotografías que abren este reportaje corresponden a ese momento: se observa a Jed Wolfrom con el rostro ensangrentado junto a la caravana Toyota, ladeada en una zanja al lado de la carretera.
Meghan Doherty y Jennifer Wolfrom aparecen allí también, cubiertas de sangre y lodo.
“Evidentemente no se trataba de un accidente, sino de un ataque. Durante las noches suelen estacionarse camionetas para robar ganado, la delincuencia es muy común por esta zona. Lo más probable es que los hayan confundido con abigeos, teniendo en cuenta que no quisieron identificarse y escaparon a toda velocidad”, declaró el alférez Peralta a CARETAS.
Otra versión indica que presuntos ambientalistas han venido instigando a los comuneros para intervenir a cualquier extraño que se adentre en su territorio y averiguar los motivos de su presencia. Están atentos por si extraen muestras del suelo bajo la sospecha de que sería para concesionar un proyecto minero con el Estado, lo que terminaría desterrándolos.
Nada de aquello, por cierto, justifica el salvajismo con el que actuaron los comuneros de Ocongate.
El incidente no ocurrió en un lugar lejano como Uchuraccay (ver columna de Gustavo Gorriti), sino en la ruta turística más importante del país.
Esto definitivamente hace daño al turismo, generando pánico.
El 10 de enero, poco antes de volver a EE.UU., Meghan se despidió así del Perú en su perfil de Facebook: “¡Solo una semana más de trajinadas para largarnos por fin de aquí!”. (Álvaro Arce)