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Entrevistas El laberinto de la integración sudamericana según Luis Gonzales Posada.

El Inmenso Caos Regional

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Político de larga data, Gonzales Posada pertenece a la tercera generación aprista de su familia.

Ocurre que a veces uno tiene un gigantesco tema político delante de los ojos y no alcanza a verlo jamás en su real contexto. Tal es el caso del inmenso e irracional sancochado de parlamentos, foros y organismos interamericanos en los que el Perú está inserto. Esto me lo hizo ver Luis Gonzales Posada (67), a quien me lo encontré (no hace demasiado tiempo) en la fiesta de cumpleaños de Gustavo Pacheco y en la cual tuvimos una breve pero sustanciosa charla que acabó sacando a colación este tema. El tema, de entrada, me deslumbró, al explicar (a mi juicio y con claridad meridiana) el inmenso lío doctrinario que sacude a América Latina. Así acabó explicándome cómo los dictadores más férreos del orbe, junto a sus aprendices de brujo, han logrado ser escuchados internacionalmente al esconder los dientes disfrazándose de virginales e inocentes “caperucitas rojas”, defensoras de la democracia, cuando sus intenciones reales son incendiar la pradera. Sus discípulos incendiarios son los terroristas de oficio y de beneficio que no dejan de ser unos “inglourious basterds” aludiendo a la película de Tarantino. A Luis Gonzales Posada, político de larga data (ex Canciller, ex embajador del Perú en la OEA y ex presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y de la Comisión de Defensa Nacional, entre muchos otros cargos) lo veo frente a mí, en el restaurante Costa Verde, como un hombre sagaz, inteligente, serio y equilibrado que evita que se disparen sus emociones gracias a su amplio recorrido diplomático que le hace medir sus palabras. Yo deseaba esta entrevista por los temas que se van a tocar en esta conversación. Veamos el porqué.

–En lenguaje vulgar y corriente, Luis Gonzales Posada está considerado como todo un apristón.
–(Jajaja). Si usted lo quiere así, le contesto que soy la tercera generación aprista de mi familia. Mi abuela materna fue la primera, mis padres la segunda, yo la tercera, mis hijos la cuarta y no dudo que mis nietos serán la quinta.


 


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