Actualidad El NO pisa el acelerador del caos. Más que defender la actual gestión, tendrá que insistir en que se viene lo peor.
Terapia de Choque
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Alcaldesa Susana Villarán parece encontrarse con las últimas encuestas. |
Todos estamos asumiendo funciones, todos trabajamos, todos estamos en la misma línea, todos queremos unidad para Lima”.
Así respondió el teniente alcalde Eduardo Zegarra cuando el lunes 28 por la mañana un reportero le preguntó si el asesor brasileño-argentino Luis Favre había asumido funciones en la campaña por el NO.
“Lima está en juego”, advirtió. “Hay un gran peligro de someter a la ciudad a una crisis innecesaria cuando está creciendo. Lima representa el 50% del Producto Bruto Interno y no podemos someterla a este caos por el interés de algunos pocos”.
Zegarra no se distingue por su ánimo festivo, pero la parquedad le sienta bien para transmitir el mensaje actual.
La situación es casi desesperada.
EL DOCTOR NO
Favre se dejó ver la mañana anterior tras unos lentes oscuros y bajó a tomar el desayuno en el comedor del Hotel Hilton pasadas las 9 y 30.
Se alojó de incógnito y dos días después ya había dejado el hotel. La semana anterior había cancelado una reserva en el Miraflores Park Plaza.
Parecía entristecido. En su avalancha de 57 twits publicados ese día hizo varias alusiones al incendio que cobró 234 vidas en una discoteca de Santa María, Brasil.
Pero también diseccionó la encuesta de GFK-Consultores que apareció el mismo día en La República.
Los números también debieron agriarle el café a Susana Villarán: 60% por el SÍ y 39% por el NO.
En el primer caso, 7 puntos más que en diciembre. En el segundo, apenas 3 menos.
Favre retwitteó las columnas de opinión favorables a la alcaldesa y citó fragmentos de la encuesta que también medía la popularidad de su ex jefe, Ollanta Humala.
Pero dos frases de su propia cosecha saltaban a la vista:
“La encuesta Gfk sobre Lima metropolitana tiene un margen de error de casi 5 puntos para más o para menos” (6:15 a.m.).
“Lima: El No tiene 39%, el mismo apoyo que tuvo Susana Villarán cuando ganó las elecciones con 38%, eso es una base para empezar a trabajar” (11:12 a.m.).
Un tercer twit cerró su actividad en la web a las 8 y 20 de la noche:
“A Lima con amor”, dedicó un comercial colgado en Youtube de una emisora argentina.
Se observa a un joven salir de la cabina de sufragio y decirle a su novia por teléfono que “marqué cualquiera, no tengo idea por quién voté”.
Entonces el libertador José de San Martín irrumpe a galope y lo arrolla con el caballo.
Luego lo muele a puñetazos. Y se despide del caído con una patada.
“Hay gente que dio la vida por este país”, alecciona la voz en off.
“Votá con responsabilidad”.
DUEÑO DEL SÍ
“El voto popular es un voto democrático”, reclama el aprista Hugo Otero. “No se puede señalar ese voto como que precipita caos y desorden. Rechazar ese voto con el calificativo de disruptivo, agitador, es despreciarlo. Y es hasta insolente”.
Otero es identificado como el publicista del SÍ. Dice que su trabajo se limita a asesorar a su partido, que se ha entregado de pico y patas a la tarea de revocar a la alcaldesa.
“Cada uno es dueño de su SÍ y de su NO”, resume.
Se le ha escuchado decir al ex presidente Alan García que el sentimiento popular de la revocatoria no tenía cara. Había que capitalizarlo.
Está por verse si el APRA ganará algo con este proceso.
La advertencia de Otero ya toma en cuenta el escenario que buscó enfatizar en los últimos días la campaña del NO.
Se trata de aquel razonamiento, supuestamente “clasemediero”, de pensar que “Villarán no me gusta, pero lo que viene será peor”.
El enfoque aprista para esta campaña interpreta una ola ciudadana que quiere instituciones que sirvan. La política nace en la calle y la antipolítica sale de los aparatos anquilosados.
Así, se le echa mano al camino democrático de la revocatoria para mirar al futuro.
Pero no todos son tan optimistas.
RE-LOCA-TORIA
“Gran parte de la revocatoria está más construida con el hígado que con la cabeza”, opina Fernando Tuesta.
El especialista y ex jefe de la ONPE ha estudiado con detenimiento la historia de esta figura en el Perú.
A estas alturas concluye que “tiene un lado de severo impacto institucional”.
Se hace urgente que el Jurado Nacional de Elecciones emita una interpretación completa antes del 19 de marzo.
“Las reglas de juego no son claras”, considera el analista. Las dimensiones de una megalópolis como Lima y las 40 inéditas casillas de la cédula complican tremendamente la situación.
En la práctica, aquí bastaron las firmas de menos del 7% del padrón electoral –a diferencia del 25% necesario en otras circunscripciones–para llevar a la ciudad a la revocatoria.
Primero, la revocatoria rompe con la idea “de que el alcalde siempre tenga mayoría absoluta para poder gobernar. A diferencia de lo que ocurre con el Ejecutivo y el Parlamento aquí se vota por una sola lista. Ganas la alcaldía y automáticamente tienes la mitad más uno de los escaños en el Concejo”.
Hasta el año 2009, si se revocaba a más de un tercio del Concejo, se iban todos a su casa para convocarse a la nueva elección. Mientras tanto, hasta diciembre de este año, el alcalde interino es el primer regidor no revocado.
Pero una resolución del JNE emitida ese año determinó que la elección solo reemplazaba a los revocados.
“¿Qué pasa si, de los 14 revocados incluyendo a la alcaldesa, 10 son de Fuerza Social y el actual oficialismo se queda con 12?”, especula.
“Digamos que en las nuevas elecciones gana Solidaridad Nacional. ¿Qué sistema electoral van a aplicar? Podría ser que el nuevo alcalde se lleva la mitad más uno de los regidores a reemplazar. Es decir, 8. El resto se distribuye entre los demás. Y el nuevo alcalde ingresa sin mayoría, frente a un Concejo que puede ser obstruccionista y opositor”.
Es más descabellado aún si efectivamente se revoca a 14 regidores, pero no a Villarán. ¿Cómo se reemplaza a los revocados si no se elige un alcalde que define la mayoría?
En este laberinto hay que añadir que FS no podrá presentarse a esas posibles elecciones, pues perdió su inscripción luego de no pasar la valla para el Congreso.
En segundo lugar hay que tener claro que las nuevas elecciones serán para terminar el actual período, no para comenzar uno nuevo.
“He escuchado a algunas personas que dicen y así elegiremos un nuevo mandato. En ningún escenario se va a gobernar más allá de diciembre del 2014”, aclara Tuesta.
Luego, a elegir –o reelegir– de nuevo.
Tercero: están los escenarios en caso no se llegue a convocar nuevas elecciones. FS termina el período pero a medida que se van revocando a sus mejores cuadros –ordenados según la lista– la alcaldía recaerá en el primer “superviviente”.
“Te quedas con un alcalde que nadie eligió”, se asombra Tuesta.
Y en cuarto lugar persiste el misterio de los votos nulos y blancos. Según las leyes, incluyendo la Constitución, más de dos tercios de sufragios de ese tipo anulan una elección. Pero ninguna legislación se refiere específicamente al caso de la revocatoria.
Tuesta espera que el JNE se decante por la analogía del principio anterior y cuente votos nulos y blancos casilla por casilla.
“Si no podría darse el caso extremo que alguien es revocado con un voto y todos los demás están en blanco”, dice.
Es previsible que el elector pierda el interés un domingo caluroso a medida que marca el SÍ o el NO en la cédula interminable.
Más aún si se toma en cuenta que la mayoría de revocables son ilustres desconocidos para la mayoría de ciudadanos.
A diferencia de una figura como la californiana, donde en una misma jornada se decide la revocatoria y se elige al reemplazo entre un menú de candidatos en pugna entre sí, en el fragmentado escenario electoral peruano “se crea una mayoría opositora ficticia porque todos se vuelcan contra ti”.
Y augura que “lo que vas a tener es gente con mucha bronca. No es cierto que la revocatoria canalice el conflicto. Lo multiplica”.
Es aquí donde Favre y la campaña del NO podrían entrar a tallar. “Será el desgobierno total”, asegura un ex colaborador de la alcaldesa, por lo demás crítico de su gestión. “Los funcionarios no van a firmar un solo papel”.