Entrevistas Tatiana Astengo y su peculiar filosofía de la vida.
Nacer y Morir Constantemente
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Sensible, meticulosa y detallista, Astengo dice, no obstante, tener vocación de kamikaze. |
Tatiana Astengo (45) desde muy pequeña y obligada por la vida hizo de la autarquía su bandera. Se sintió, muy pronto y antes de tiempo, soberana de sí misma, dueña de su quehacer, de sus decisiones y de su propio destino. Entendámoslo: el común de los mortales en general va siguiendo progresivamente las etapas de la vida conforme se le presentan, y aquí recurro al “circunstancialismo” de José Ortega y Gasset que es para mí (según me han visto repetir en otras entrevistas) el único filósofo de la historia que nos define a satisfacción la esencia del hombre. Él dice: “Yo soy yo y mi circunstancia”, yo soy yo y mi genética pero también todo aquello que me rodeó desde mi nacimiento, ambiente, familia, amigos, status social, costumbres adquiridas, etc., elementos que nos encarrilan hacia una vida sin demasiadas sorpresas. Pues bien, y he aquí lo peculiar de Tatiana Astengo, y hasta cierto punto lo insólito, la filosofía de Ortega y Gasset está en absoluta contradicción con ella que es una “anticircunstancialista” de tomo y lomo. Llego a esta conclusión después de un almuerzo en el restaurante Costa Verde muy largo y prolongado hasta casi encontrarnos con el ocaso. Su peculiar filosofía de vida está contenida en frases como “por más directrices que nos impongan, la vida le pertenece a uno mismo y a nadie más” o “uno no debe adscribirse ni pertenecer a ningún lugar” o “tengo vocación de kamikaze” o “podemos navegar por todos los mundos y esa es la más consistente y real aventura de una vida”. Esta mujer, por un lado trabajadora, sensible, meticulosa y detallista, no soporta la rutina excesiva ni en el amor ni en el trabajo ni en su vida personal. Es así como yo la veo. Estúdienla ustedes.–Preséntese.
–Me llamo Tatiana Angélica Astengo Bravo. Nací en Lima, en el entonces Hospital del Empleado (hoy Rebagliati), en Jesús María. Soy de clase media casi baja. Vivía en Balconcillo, La Victoria. Mi padre era empleado de la Imprenta Iberia de aquel entonces ya que hoy no existe. Mi madre era secretaria en el Ministerio de Salud.