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Literatura Paralelos y discrepancias de una amistad fulgurante que nació en 1964 en el Patio de Letras de San Marcos.

Últimas Semanas con Toño

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Cisneros y edición celebratoria por los 44 años de Canto ceremonial… “Esa cifra
caprichosa me daba mala espina”.

Hacia fines de julio del año pasado llamé a Antonio Cisneros para pedirle que presentara mi último libro, “Pararrayos de Dios”, en la Feria del Libro, pues en él contaba historias de poetas que ambos habíamos conocido, y juntos podríamos evocarlos, pero él se excusó de hacerlo porque se iba a Cuba con su mujer La Negra Luna, en un breve viaje de vacaciones que ya estaba contratado, y no podía cancelar. Y más bien él me pidió que yo presentase su “Canto Ceremonial contra un Oso Hormiguero”, cuya reedición hacía Peisa con motivo del 44 aniversario del Premio de Casa de las Américas que este libro había ganado en 1968 y él iba a presentar en esta misma feria a su regreso de Cuba.

Quedamos pues en eso, yo presenté mi libro por mi cuenta, y unos días más tarde me apersoné en la FIL para hacer lo propio con el suyo. Toño me esperaba en el café acompañado de su editor Germán Coronado y del poeta Mario Montalbetti, que iba a ser el otro presentador. No veía a Toño desde hacía pocos meses, porque nos encontrábamos esporádicamente, y casi siempre en eventos culturales en los que coincidíamos, aquí y en el extranjero. Ya estábamos lejos de nuestra tumultuosa juventud en que nos reuníamos para chupar y conversar sobre miles de huevadas, y cuando nos aburríamos de ellas procedíamos a hablar de cojudeces. Ahora nos divertía recordar las grandes borracheras de antaño: la más memorable sin duda fue la de Londres, sería en el 71/72 cuando yo ya estaba en París, trabajando para la editorial Gallimard, y Toño al otro lado del canal lo hacía para la Universidad de Londres. La tranca no duró dos días, pero sí un día entero en que nos volamos alegremente la plata que yo traía para toda una semana…


 


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