Opinión Por: HERNÁN A. COUTURIER MARIÁTEGUI *
La Mediterraneidad y el Mar
Por arte de Birlibirloque, una vez más, nos percatamos que la tercería boliviana irrumpe en el escenario del Pacífico Sur.
Primero, desde tiempo atrás, el presidente Evo Morales viene acompasando, con el beneplácito de Chile, la demanda marítima del Perú en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) con opiniones contrarias a nuestra decisión de concluir por la vía judicial el diferendo delimitatorio, para luego virar en favor de su propia y eventual demanda por una salida soberana al mar en dicha Corte.
A renglón seguido, el presidente Sebastián Piñera, después de reafirmarse en la absoluta validez y vigencia del Tratado de 1904, que consagró la pérdida definitiva del litoral boliviano, nos revela que su gobierno ha ofrecido a Bolivia, en repetidas ocasiones, un enclave territorial, sin soberanía, al norte de la ciudad de Arica.
Este tendría acceso al mar y la posibilidad de construir un puerto y un balneario, áreas y establecimientos donde Bolivia podría tener autonomía y gozar de facilidades tributarias y de otro orden. Un poco al estilo de Boliviamar, que el Perú le cediera en los Acuerdos de Ilo de 1992.
Más allá de cualquier maniobra efectista, esta propuesta no es nueva. Hace 12 años los gobiernos de Jorge Quiroga y Ricardo Lagos conversaron en firme sobre la cesión no soberana de un enclave territorial en algún lugar de la costa que fue boliviana, cerca de Antofagasta, bajo la fórmula de un comodato a plazo renovable.
A diferencia del corredor entre territorio boliviano y el Océano Pacífico, al norte de Arica, planteado por el general Augusto Pinochet al general Hugo Banzer después del abrazo de Charaña de 1975, el enclave en Antofagasta no sería soberano ni tendría contigüidad territorial con Bolivia.
Conocemos que el tema estuvo siempre en la Agenda de 13 puntos, sin exclusiones, que fue materia de negociación entre gobiernos bolivianos y chilenos, especialmente durante el mandato de la presidente Michelle Bachelet.
Más bien, tan pronto asumió el poder el presidente Sebastián Piñera, estas tratativas perdieron impulso, a la vez que se intensificaban las demandas bolivianas, especialmente la salida soberana al mar y la cuestión de las aguas del Silala, manantial que es boliviano pero que reclama Chile.
Lo novedoso, sin embargo, es que el mandatario chileno ha soltado al desgaire la tesis de que el ofrecimiento de enclave territorial no soberano al norte de Arica peligra si la CIJ le da la razón al Perú en el diferendo marítimo, pues en Arica ya no habría cómo darle una salida al mar a Bolivia.
En el mejor de los casos para el Perú, la CIJ podría fallar otorgándole dominio marítimo hasta la línea media o bisectriz, con lo cual la proyección de las costas de Arica en el Océano Pacífico tendría una orientación sur-oeste, decisión que dista mucho de quitarle el mar a dicha provincia.
Por otro lado, habría que estudiar cuáles son las presuntas intenciones del actual gobierno chileno con esta iniciativa, pues si no hay cesión de soberanía, mal se puede pensar que Bolivia pueda tener dominio marítimo (soberanía y jurisdicción) hasta las 200 millas del mar que bañe las costas del enclave cedido por Chile.
No se puede olvidar, tampoco, que para Arica, así como para Tacna, rige el Artículo Primero del Protocolo Complementario del Tratado de Lima de 1929, en el sentido que ninguna de las partes, sin acuerdo previo entre ellas, puede ceder territorio de las mismas a un tercer país. Y no especifica si es con o sin soberanía.
Es importante mencionar, por lo demás, que el gobierno de Evo Morales ha adscrito a la política de “gas por mar soberano”, la cual es rechazada por Chile, pues, según su primer mandatario, la soberanía no se negocia con asuntos económicos.
¿El propósito de esta revelación chilena es curarse en salud ante un resultado adverso en La Haya? ¿Se trata de un ensayo de disuasión para que Bolivia desista de ir a la CIJ? ¿Es solo una nueva versión de la consabida “soplada de pluma” al Perú como obstáculo a toda solución a la mediterraneidad boliviana?
Sí y no. Así como cualquiera otra interpretación que se nos antoje. Lo cual no deja de ser lamentable, pues esta importante coyuntura debe ser propicia para saldar las secuelas de la Guerra del Pacífico. Primero, mediante la ejecución del fallo de la CIJ sobre la delimitación marítima entre el Perú y Chile, y luego, de común acuerdo, logrando una solución justa y eficiente al enclaustramiento de la hermana Bolivia. (Por: Hernán A. Couturier Mariátegui *)
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* “Diplomático de carrera. Politicólogo, profesor y analista de relaciones internacionales. Embajador en Zimbabwe, Canadá, Bolivia, Brasil y Reino Unido. Representante alterno en NN.UU.