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14/Feb/2013
 
 
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Local El carnaval de Barranco rompe fuegos con frenética lluvia de colores aritmo de la batucada.

Carnaval Tecnicolor

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Cuerpos cubiertos por litros de pintura que caen desde el escenario de la discoteca Help, sede del carnaval de Barranco. La fiesta dejó las calles por falta de autorización municipal.

Todo empezó pasada la medianoche. Una comparsa de veinte artistas a ritmo de batucada, con Damián Ode a la cabeza, irrumpió entre los fieles convocándolos hacia el salón principal donde aguardaba el escenario. Una vez allí, empezó la guerra de la pintura. Unos a otros, fueron bañándose de rojo, azul, verde y anaranjado, mientras la multitud se agitaba a ritmo de los tambores. Las prendas ondeaban en el aire y las luces intermitentes de la disco reverberaban en los torsos desnudos o semidesnudos. Afuera, unos 300 jóvenes lamentaban no haber llegado a tiempo y admiraban de lejos a sus pares, entregados en cuerpo y alma a la fiesta.

Luego, los tambores se apagaron y el Dj entró a tallar con electropop. “Estamos revalorando una tradición propia de un distrito bohemio por excelencia. Los muchachos se entregan a una celebración sana y llena de alegría”, señala sin sorna Damián, mientras exprime una botella de pintura sobre dos jovencitas que claman por ser pintadas. Chela en mano, los devotos del carnaval de Barranco celebran el inicio de una fiesta que los ha unido desde principios del siglo pasado, cuando en las casas se repartían finos perfumes, talco y globos de agua. Hoy, los elementos son distintos, pero la pasión sigue intacta.


 


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