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Religión Escándalo de pederastia en Los Ángeles podría salpicar al Papa saliente.

Un Turbio Contexto

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“Baker, ¿por qué? Solo tenía 7 años”, se lee en el cartel.

En Europa la sorpresa fue algo menor. Las pugnas intestinas se conocían hace meses, acaso años.

El 18 de febrero del 2012 el diario español El País publicó un sonado reportaje de su corresponsal en el Vaticano, Pablo Ordaz (“Un Papa rodeado por lobos”).
La crónica arribaba a un final abierto que ha tardado casi un año en materializarse.

“La publicación de una denuncia interna sobre corrupción y de un extraño complot para matar a Benedicto XVI dejan al descubierto las descarnadas luchas de poder ante la posible inminencia del fin de su papado”, profetizó aquel artículo.

En esa lógica de acontecimientos, cabe interpretar que la falta de fuerzas a la que alude Joseph Aloisius Ratzinger en su carta de renuncia en latín no solo responde a la golpeada condición física de un hombre de ochenta y cinco años (sufre de hipertensión, artrosis en el 50% de la cadera, ictus, desmayos, diabetes, problemas de visión en el ojo derecho y una fractura de muñeca).

Dos años antes, en el libro Luz del mundo. El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos (Herder, 2010), el aún Benedicto XVI le había confesado al alemán Peter Seewald –ex periodista de Der Spiegel y Stern– que, a veces, “cuando un Papa alcanza la clara conciencia de no estar bien física, psíquica y espiritualmente para llevar adelante el encargo confiado, entonces tiene el derecho y en algunas circunstancias también el deber de dimitir”.

En otro pasaje del mismo libro, Ratzinger reveló que nunca pensó ser elegido Papa. “Con profunda convicción dije al Señor: ¡no me hagas esto! Tienes personas más jóvenes y mejores… ¿Qué estás haciendo conmigo? Ahora, la responsabilidad la tienes Tú. ¡Tú tienes que conducirme! Yo no puedo”. 

Desde entonces se especulaba en los corredores del Vaticano que la fecha elegida para dar un paso al costado recaería entre el 16 y el 19 de abril. Es decir, entre su cumpleaños y el aniversario de su papado.

Según L’Osservatore Romano no fue hasta marzo del 2012 que Joseph Ratzinger tomó la decisión definitiva de renunciar a la silla de Pedro. Exactamente luego de un viaje que lo llevó a México y Cuba.

Pero la pregunta principal se mantiene intacta: ¿ha sido realmente una renuncia voluntaria? 

SEGUNDA FILTRACIÓN

Fuentes eclesiásticas afirman que la dimisión se da en un contexto de tenso silencio.

Una segunda tanda de vatileaks, tan demoledora o más que la primera, centraría su puntería en el llamado caso Mahony-Gómez.

El 31 de enero del 2013, el arzobispo y miembro del Opus Dei José Horacio Gómez reemplazó oficialmente a Roger Mahony.

Una vez al mando de su nuevo cargo, Gómez accedió a información oficial concerniente a intentos de encubrimiento de nuevos casos de pedofilia que datan de la década de 1980.

Se sabe que los sacerdotes implicados fueron simplemente trasladados a otra diócesis, previo aval de una autoridad eclesiástica superior.

El nuevo arzobispo entregó los archivos a la Corte de Justicia de Los Ángeles. Una fuente eclesiástica sugiere que el caso salpicaría a Ratzinger, habiendo sido éste Prefecto de la Doctrina de la Fe durante aquellos años.

Los casos de pedofilia ya han remecido anteriormente los cimientos de la Iglesia Católica en países como Irlanda, México, Canadá, Alemania y Estados Unidos, principalmente durante los setenta y ochenta. A eso se le suma la primera tanda de vatileaks, de la que aún hay réplicas.

Como se recuerda, aquella filtración de marzo del 2012 incluyó casos de corrupción, así como un manifiesto intento de asesinato del entonces Papa. El caso comprometió al ex mayordomo de Benedicto XVI, Paolo Gabriele, quien fue apresado y finalmente indultado por el propio Papa en diciembre del 2012.

A eso se le suma el escándalo de corrupción que alcanza al Opus Dei en el caso del Instituto para las Obras de Religión, más conocido como el Banco del Vaticano.

La salida del banquero Ettore Gotti Tedeschi, destacado miembro del Opus Dei, alimenta la hipótesis de quienes advierten –desde fuentes eclesiásticas– que el sector más conservador jamás le perdonó a Ratzinger haber intentado limpiar esa casa. (Carlos Cabanillas)


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