Religión Juan Luis Cipriani y otros 114 cardenales elegirán al nuevo Papa y decidirán el destino de la golpeada Iglesia Católica antes del domingo 17 de marzo.
Rumbo al Cónclave
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Ratzinger promulgó un documento que permitirá adelantar el cónclave una vez que quede vacante su cargo, este 28 de febrero. |
El Colegio Cardenalicio tiene una regla de oro para sus electores. Está prohibido llevar smartphones, radios o laptops. La libertad del voto debe garantizarse a toda costa y sin injerencias ni influencias externas. Atrás quedaron los tiempos en los que el Papa era elegido de forma unánime y por aclamación. Desde 1271 en adelante, los cónclaves debían cumplir con ciertas normas y requisitos mínimos para garantizar la legitimidad del –llamémoslo así– proceso electoral. La votación debía realizarse a puertas cerradas. Nadie podía entrar ni salir hasta que se llegara a un resultado final. No está demás decir que los chantajes, las presiones y las coacciones fueron proscritos bajo amenaza de excomulgación. Todas las sanciones incluían la anulación de la votación.
Las normas contemporáneas están recogidas en el Universi Dominici Gregis publicada por Juan Pablo II en 1996. A partir de entonces, las reuniones son diarias, y la minuta va de la mano del camarlengo y otros tres cardenales elegidos por sorteo. La primera congregación será el viernes 1 de marzo. Un día antes, el jueves 28 de febrero a las 8 p.m. (2 p.m. hora peruana), se hará efectiva la dimisión de Benedicto XVI. Se estima que ese viernes se decidirá la fecha final de la votación. Todo hace indicar que el cónclave será convocado bajo llave (cum clave) a partir del 15 de marzo. Las votaciones serán dos veces por día (mañanas y tardes) hasta que alguno de los candidatos se granjee al menos dos tercios de los votos válidos. Todo deberá terminar antes de la Semana Santa. Idealmente, la luz en el horizonte deberá aparecer el domingo 17 de marzo. Si todo el proceso sigue el curso normal de las últimas dos elecciones papales, habrá ‘fumata’ de humo blanco en Semana Santa. Sin embargo, la practicidad a la hora de votar no siempre ha caracterizado a la Iglesia Católica.