Internacional Por: NORMAN GALL
‘CUBAZUELA’ Después de Chávez
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Más de 100 mil barriles diarios de petróleo subsidiado salvaron a la isla del colapso. |
Los más próximos colaboradores de Hugo Chávez se encontraban en la Habana con el alto mando de la Revolución Cubana días antes de la fecha prevista para la toma del mando de Venezuela, el 10 de enero, para decidir qué hacer.
El vicepresidente Nicolás Maduro estuvo por lo menos cinco veces con el presidente Raúl Castro y el vicepresidente cubano Ramiro Valdés, quienes por muchos años dirigieron el aparato de seguridad del régimen de Fidel Castro.
Valdés supervisa ahora la masa de 40 mil cubanos enviados a Venezuela como médicos, instructores deportivos, planificadores, asesores militares y policiales, muchos de los cuales están incorporados a las Fuerzas Armadas de Venezuela, a los ministerios de Exterior y de Hacienda, puertos, red eléctrica, Banco Central y órganos de inteligencia.
Los cubanos también fueron contratados para crear pasaportes electrónicos y documentos de identidad, concentrando los datos de 30 millones de venezolanos.
Muchos de esos servicios son pagados en especie a cambio de abastecimiento de más de 100 mil barriles diarios de petróleo a Cuba, a precios por debajo del mercado, lo cual ha salvado a la economía socialista cubana del colapso –venía cayendo a niveles próximos a la subsistencia–.
La noción de una “Cubazuela” emergente continúa siendo una cuestión delicada, especialmente entre los militares venezolanos, a pesar de las purgas de oficiales resentidos con la interferencia cubana en la vida de las Fuerzas Armadas.
En medio de la confusión que hoy se profundiza, no se puede olvidar que la conspiración está en el ADN de los militares venezolanos.
Cualquiera que sea el resultado inmediato, Venezuela continuará siendo una sociedad polarizada en un futuro previsible y el chavismo, un protagonista en la política nacional, de la misma forma que el peronismo sigue siendo una fuerza vital en Argentina, seis décadas después de la caída de Juan Domingo Perón, en 1955.
Entretanto, Venezuela hoy está amenazada por severa inflación, en la que se ha desperdiciado casi un trillón de dólares en cuentas de petróleo y préstamos desde que Chávez ganó la primera elección en 1998.
Hay estimaciones que señalan que el déficit fiscal alcanza el 17% del PIB, oscurecido por fondos al margen de presupuestos accesibles apenas a Chávez y sus colaboradores más próximos.
Hasta ahora, Venezuela ha sido salvada del colapso económico por el alto precio del petróleo en la última década. A pesar de presumir tener una de las mayores reservas mundiales de petróleo, la producción venezolana cayó de 3,2 millones de barriles por día en 1998 a 2,4 millones de hoy, debido a la politiquería, mala administración y corrupción en la empresa estatal.
La empresa petrolera estatal PDVSA generó ocho nuevas subsidiarias para entrar en las áreas de construcción civil, y en la producción, importación y distribución de comida, extendiendo su planilla de pagos de 39 mil a 115 mil trabajadores desde 2002, a pesar de haber despedido a 22 mil personas incluyendo la mayor parte de su equipo técnico y gerencial, que entró en huelga en el 2002 en protesta por la politización de la empresa.
Venezuela se convirtió en uno de los mayores importadores de gasolina y diésel de los EUA, después de una serie de grandes accidente en sus refinerías y otras instalaciones, atribuidas al insuficiente mantenimiento, que también causa crónicos apagones eléctricos en todo el país.
Por el momento, la economía está en andrajos, al tiempo que muchos potenciales sucesores, civiles y militares, compiten para asumir un legado dudoso.
Parte de ese legado es la división de las tendencias democráticas que existen en América Latina entre regímenes populista con instituciones débiles –como Venezuela, Bolivia, Argentina y Ecuador– y republicas más cautelosas –como Chile, Perú, Colombia y México–, que luchan por la estabilidad, crecimiento y justicia social vía el compromiso más profundo con la economía mundial. (Por: Norman Gall *)
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* Norman Gall es director ejecutivo del Instituto Fernand Braudel de Economia Mundial, en São Paulo.