Fotografía Con la asesoría de la Asociación de Fotografía Popular Ojos Propios, Morococha retrata las huellas de su pueblo antes de mudar de sitio pero no de historia.
La Luz de Morococha
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Luz de esperanza. El lente de Karita Palián busca el futuro de Morococha más allá del sol de Ticlio. |
Existe una memoria colectiva –dicen los expertos–, aquella que conserva los acontecimientos pasados que son la causa directa de las creencias futuras. Un pueblo sin recuerdos, es, por lo tanto, polvo en el viento: nada. Pero Morococha (provincia de Yauli, departamento de Junín) está llena de historias. Allí, a 4,900 metros sobre el nivel del mar, unas 500 familias trabajan duro explotando el cobre para ganarse el pan de cada día. Todo esto figura en las fotografías de Sebastián Rodríguez, conservadas en el archivo de Morococha desde 1930.
En la estela de lo hecho por Rodríguez, la Asociación de Fotografía Popular Ojos Propios reunió el año pasado a 220 niños, jóvenes y adultos de Morococha para poner en sus manos el que consideran es el mejor recurso para la memoria colectiva: la fotografía. Después de meses de talleres gratuitos, recolectaron cientos de fotografías tomadas por los pobladores. Y todo ocurre en el momento justo: el pueblo se muda para dar paso a Toromocho, el más importante proyecto de explotación de cobre del Perú. Por eso, la Minera Chinalco y Ojos Propios montaron en la Nueva Ciudad de Morococha –distante 9 kilómetros de la antigua– un Museo de la Memoria con las 160 mejores fotografías del taller en exhibición permanente.