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Tecnología Ken Freivokh se inspira en su niñez en el Perú para crear los más grandes y avanzados superyates del mundo.

Capitán del Diseño

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El Maltese Falcon, con 88 metros de eslora y 57 metros de alto, es tan grande como una cancha de fútbol. Velas y mástiles se controlan por computadora.

Hace medio siglo, un joven aventurero en el Perú se enamoró del mar. Sus primeros periplos en Ancón fueron los más memorables. Ahí, el joven y sus amigos construían veleros y valerosamente seguían rumbo desde la playa hacia el horizonte. A veces sus botes resultaban ser fuertes y regresaban felices y secos. Sin embargo, a menudo las empapadas velas colapsaban y sus rústicas naves zozobraban, sin lograr la playa.

Aquel aventurero, Ken Freivokh, hoy un aclamado diseñador internacional de superyates, tiene una visión de una clase de velero totalmente distinta. El Maltese Falcon, con 88 metros casi tan largo como una cancha de fútbol, fue el velero privado más grande al botarse en el 2007 en Turquía. Un periodista lo llamó “el más grande, más rápido, más arriesgado, más sofisticado, más autocomplaciente velero jamás construido”.

Su dueño, Tom Perkins, un inversor quien ha financiado el Silicon Valley americano a través de compañías como Google y Amazon, declamaba que su yate era “nada menos que una revolución de la vela”. Freivokh tenía una opinión algo distinta. Para él, el Maltese Falcon era más bien “un medio de transporte o una afirmación tecnológica” que merecía un trato algo mayor a un exclusivo departamento neoyorquino o un mansión en la campiña inglesa.

Perkins, como marinero experimentado y mago de la tecnología, quien además entendía los riesgos involucrados en proyectos complejos y costosos, respetaba la original forma de pensar de Freivokh. También confiaba en la profunda comprensión de Freivokh de los retos tecnológicos y riesgos inherentes de diseñar audaces espacios que encendían los sentidos y que transformarían la experiencia de navegar y vivir a bordo de un velero como el Maltese Falcon. Freivokh y su equipo innovaron de tal manera que evitaban las puertas y estrechos pasillos que tienden a producir espacios confinados. Crearon áreas interiores y exteriores conexas pero abiertas con líneas de visión libres al mar.

Para Freivokh, el diseño del Maltese Falcon es la cumbre de una brillante carrera de cuatro décadas durante la cual ha diseñado naves de todo tipo y tamaño. Se le conoce mayormente por su talento para imaginar y crear el mayor símbolo de estatus: el superyate. Con una lista de de clientes que incluyen a la realeza europea, emprendedores americanos y jeques árabes (pero ningún potentado peruano aún), Freivokh se ganó una reputación a nivel mundial como un diseñador capaz de realizar el sueño de un superyate para un cliente superrico.

¿Qué es un superyate? Bueno, como la pornografía triple X, uno lo reconoce cuando lo ve. Mientras que en el Perú el típico bote de placer mide menos de diez metros, un superyate hoy en día es de al menos 50 metros. Se rumorea que una nave de 180 metros, propiedad de un príncipe saudita se lanzará este año. Sería 50 metros más largo que la torre BBVA Banco Continental, el más alto de Lima. Para sus dueños, los superyates son el máximo símbolo de estatus. Son un complejo turístico privado de lo más personal, y una expresión personal de sus más profundas pasiones.

Estos yates requieren de una tripulacion profesional de hasta 40 personas, e incluyen comodidades tales como un área de aterrizaje para helicópteros, piscinas, discotecas, gimnasios, cines, y hasta sistemas de defensa antimisiles. Equipados con juguetes náuticos como jet skis, lanchas, pequeños veleros y hasta submarinos, los superyates permiten a sus dueños e invitados surcar los mares del globo en completa privacidad y lujo. Es más, estos enormes yates son útiles para reuniones privadas de negocios, lejos de los entrometidos lentes de paparazzi y de la competencia.

¿El precio de un superyate? Bien, si tiene que preguntar, probablemente no pueda costearlo. El Maltese Falcon costó como US$ 135 millones para armar, sin incluir los aproximadamente US$ 15 millones al año en gastos para la tripulación, alimentos, licor, pagos de atraque, combustible, seguros, impuestos, mantenimiento y reparaciones. ¿Demasiado caro? Bueno, siempre se puede fletar al Maltese Falcon por una semana de crucero en el Caribe con los amigos de Miraflores, Miami y Mónaco. El costo: como US$ 1 millón.

Hoy en día, mientras los dueños exigen más grandes y sofisticados superyates, empujando las barreras de diseño e ingeniería más lejos del diseño tradicional de yates, solo Freivokh y contados otros son capaces de liderar proyectos tan arriesgados y complejos. En la intensa competencia para lograr contratos de diseño, Freivokh cree que su ventaja es que los clientes confían en que no va a crear superyates basados en los que otros han logrado antes. “Cada proyecto debe ser el resultado de un estudio imaginativo de la necesaria funcionalidad, no el resultado de convención o copia,” explica desde su estudio en Southampton, Inglaterra, desde donde él y Liz Windsor, su esposa británica, con su equipo multidisciplinario, crean diseños que han ganado varios prestigiosos premios internacionales.

Con sus bigotes, suave voz y sutil sentido del humor, Freivokh fácilmente podría pasar por un profesor universitario británico. Sin embargo, con su afición por los bólidos, helicópteros y motos, el diseñador de 67 años también muestra que tiene el alma de un adolescente. Uno tiene la sensacion de que Freivokh es un hombre que puede resolver cualquier reto, un diseñador quien podría pensar en alguna forma segura de volar a la Luna sobre una escoba y con lujo, si eso es lo que el cliente exige.

Freivohk estudió en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Ingeniería, de donde se graduó con honores en 1969. Al graduarse, armó un estudio de arquitectura en Lima con varios compañeros. Al año se le otorgó la única plaza para un sudamericano para una beca a la prestigioso School of Industrial Design en el Royal College of Art en Inglaterra. En 1972 recibió su Magister en Diseño, un año antes de los usuales tres. Empezó a trabajar como arquitecto y diseñador industrial en el sistema de transporte metropolitano de Hong Kong (CHECK).

Para aventuras de fin de semana en Inglaterra, Freivohk compró un velero. Hizo mejoras al bote que causaron la admiración de otros. Muy pronto llamó la atención de astilleros. Cuando se le pidió ayudar a diseñar otros botes, nació un diseñador. “Mis diseños no estaban limitados por preconcepciones o convencionalidad, que típicamente limitan el potencial de estudiantes y diseñadores educados en Europa”, Freivohk dice con orgullo.

A medida que crece su fama, Frevokh contínua nutriéndose de su pasado peruano para crear yates más grandes y arriesgados que nunca. “La variedad geográfica, los colores, la informalidad de la vida y la riqueza multicultural evidente en el Perú”, Freivokh dice, “han contribuido a equiparme con un incomparable arsenal de diseño”.

La innata curiosidad de Freivokh y su búsqueda por lo original han solidificado su reputación mundial. Con un portafolio que incluye diseños de casas, yates pequeños, autos, jets, motos y equipos de audio, tiene un rango de experiencia que le permite encontrar soluciones simples y elegantes para retos complejos de diseño e ingeniería. “Los campesinos en el Perú tienen la habilidad de resolver problemas y de encontrar soluciones ingeniosas precisamente debido a la escasez de recursos”, Freivokh dice. “Por ejemplo, una llanta vieja eventualmente se convierte en un zapato, y luego de un tiempo, una bisagra. Expuesto a esa ingeniosidad en mis años formativos, estoy dispuesto a encontrar soluciones de diseño más originales”. (Por: Adam Reingold / Traducción: Igor Asheshov)


 


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