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Religión El argentino Jorge Mario Bergoglio, rebautizado como Francisco I, es el primer Papa latinoamericano de la historia. Nuevos aires para la golpeada Iglesia Católica.

Papa Porteño

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Jorge Mario Bergoglio no solo es el primer Papa jesuita. También es el primer Papa latinoamericano, haciéndole justicia al continente que alberga la mayor cantidad de católicos del mundo.

La fumata blanca fue como una señal de esperanza. Así finalizó la tensa espera para elegir a quien es el próximo líder de la Iglesia Católica, el arzobispo jesuita de Buenos Aires Jorge Bergoglio, ahora en adelante conocido como Francisco I. Los 115 cardenales reunidos en la Capilla Sixtina del Vaticano permanecieron aislados del resto del mundo durante dos días hasta que uno de ellos logró alcanzar los dos tercios (77 votos). Mientras tanto, los escándalos financieros y sexuales calentaron la difícil decisión.

Durante el pre cónclave, víctimas de abuso infantil de países como Bélgica y México viajaron a Roma para hacer sentir su indignación. Antes de sellar las puertas, el camarlengo Tarcisio Bertone repartió entre los cardenales un informe del Banco Vaticano. El compromiso fue explícito: sanear las cuentas y luchar contra el blanqueo. No es el siglo de hierro de la Iglesia Católica, con Papas asesinados y depuestos como en el siglo IX (incluyendo la escandalosa venta del papado en tiempos de Benedicto IX). Pero vaya que hoy el Vaticano enfrenta una gran decadencia y una crucial decisión. Tras solo cinco votaciones el cónclave logró el tan ansiado consenso. A pesar del complejo escenario que hoy rodea a la Iglesia Católica, el escrutinio fue relativamente sencillo, históricamente hablando. Benedicto XVI fue elegido en la cuarta votación. Juan Pablo II fue designado en la octava. Juan Pablo I fue ungido en la cuarta.

Luego de ser elegido, Jorge Mario Bergoglio anunció su nombre: Francisco I. Solo después se quemaron las boletas con los votos y apareció la esperada fumata blanca. Acto seguido, se rezó una oración en conjunto. Los demás cardenales le juraron obediencia. En la llamada sala de lágrimas de la Capilla Sixtina la tradicional vestimenta blanca esperó al nuevo Papa en tres distintas tallas. Una vez vestido, el balcón de la basílica de San Pedro lo recibió para su primera bendición urbi et orbi (a la ciudad (Romas) y al mundo). A partir de ahora, el resto dependerá enteramente de él. (CC).


 


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