Dueño de Nada Escribe: RAFO LEÓN
¿Será Bueno o Malo?
 |
“Lo de Lambayeque es uno de los asuntos más apestosos que me ha tocado ver en el Perú de los últimos años…”. |
Lima, 18 de marzo de 2013
Como viajo por el Perú, tengo la oportunidad de conocer cosas que la mayoría de paisanos no, por la sencilla razón de que sus vidas son otras. Durante la campaña de eso que técnicamente se llamó “revocatoria” y que yo prefiero nominar “efecto Aracataca”, estuve por aquí y por allá, ciertamente más en la costa que en sierra y selva porque las lluvias me impidieron subir y traspasar las cordilleras. Pero igual vale para lo que quiero comentar.
En Lambayeque mis amigos estaban al tanto de que en Lima se había desatado un proceso contra la gestión de Villarán, pero no se entendía bien si era un trámite de vacancia o de revocatoria. Es que ellos están ensayando todas las formas posibles para sacar del cargo al alcalde Percy Ramos, aprista (el estilo es el hombre), tres periodos con el fundillo en el sillón y el responsable directo de lo que vive hoy esta ciudad, que siempre fue preciosa y llena de posibilidades para que sus habitantes la quisieran aún más y el turismo se desplegara en sus calles y plazas por oposición a un Chiclayo apocalíptico con el cual los viajeros no quieren saber nada. Porque Percy Ramos es quien aprobó y suscribió el contrato con el Consorcio San Pedro para hacer una obra que, es cierto, Lambayeque necesitaba con urgencia: el cambio de las redes de agua y alcantarillado, agotadas desde los tiempos en los que la ciudad era apenas un pueblo grande.
No entraré en detalles, pero invito al lector a darse una vuelta por el Lambayeque de hoy, que es el Lambayeque desde 2011, cuando comenzaron las obras del consorcio. La ciudad es un inmenso muladar con todas las calles levantadas a punta de combazos, el aire repleto de polvo y tierra y olor a desagüe, zanjas abiertas que se quedaron así, no hay una sola vereda, el automovilista se las tiene que arreglar como puede, el peatón pone su vida en riesgo cada vez que cruza una transversal, el turismo ha bajado al menos en un 20%, según el conteo de la boletería del museo Tumbas Reales de Sipán, se escucha que se tendrá que retirar a Lambayeque de la Ruta Moche mientras siga siendo inviable. Y lo peor es que todo se ha quedado paralizado porque la última obra en la que se avanzó fue la construcción de un tanque de agua que cuando se probó, reventó las cañerías recién instaladas y ha habido que volver a levantar las pistas para reponerlas. Un día, la empresa destapó el colector norte del desagüe, (situado al frente del mercado modelo). Los miasmas, gases y vapores contaminaron la mercadería al punto que hubo que botarla.
Yehude Simon, congresista por Lambayeque, está detrás de la pepa de este asunto que ya lleva demasiado tiempo y que, según especialistas del Colegio de Ingenieros de la Región, da para por lo menos tres años más. Todo lleva a pensar que se trata de un caso de corrupción de los grandecitos. Los datos no están del todo confirmados, pero Simon desliza la posibilidad de que esté muy metido en esto Javier Velásquez Quesquén, propietario de un buen número de empresas constructoras en la zona. Yehude lo desliza, pero los vecinos lo dicen con todas sus letras y añaden un dato que obviamente habría que investigar. El presupuesto –que el alcalde nunca hizo público– sería de sesenta millones de soles, pero a las calles solo habría llegado la tercera parte. Las otras dos se habrían quedado por los meandros del cóndor latinoamericano. De cualquier manera, este asunto es uno de los más apestosos que me ha tocado ver en el Perú de los últimos años. Y si quieren mayores detalles y además sumarse a las protestas, entrar al FB de Lambayecanos Unidos.
Pero, ¿a qué iba con todo esto? A que en Lambayeque apenas sabían que en Lima pasaba algo con la alcaldesa Villarán y a que en Lima nadie tiene la menor idea de que en Lambayeque se gesta un caso de malos manejos realmente miserable. ¿Eso es bueno o es malo? Me refiero al hecho de que estemos muy desconectados unos de otros, por las singularidades de nuestros problemas locales. ¿No será este un efecto de la verdadera descentralización? El tema da que pensar, pues pareciera que Lima ya está dejando de ser el ombligo del Perú. (Escribe: Rafo León)