Opinión Por: GREGORIO MARTÍNEZ
El Corte
Nunca hubiera estirado el brazo con el afán de alcanzar el libro de George Pelecanos, pues para mí los bestsellers, especialmente las novelas policiales, son como las mentadas uvas verdes que desprecia la astuta zorra. Pero el título, “The Cut”, me había llenado el ojo ahí, en el supermercado Cotsco de Pentagon City, donde una vez divisé a Javier Silva Ruete, cuando era delegado del Perú ante el Fondo Monetario Internacional, no en la sección libros sino disputándose las muestras de ravioles calientes, pese a que lo acompañaba una dama muy elegante.
Siempre me ha encandilado la vasta polisemia de la palabra “corte”, su amplísimo arco semántico, cuyos significados dejan en ridículo aun a la teoría y al análisis lingüístico de J.A. Greimas. Como originado en sí mismo, el vocablo “corte” más parece rabo de lagartija, autónomo y con motor propio, brincando al margen del divino soplo de vida.
En el idioma castellano y en cualquier otra lengua romance o indoeuropea, no creo que exista un término tan versátil, tan movedizo y con infinidad de significados, como la palabra “corte”. Digamos: corte de justicia, corte de carne, corte inglés, corte de seda, corte de casimir, corte parejo, corte de trago, corte de baraja, corte de leche, corte de jornada, corte de tela, corte de calzado, corte de pelo, corte de estilo, corte de reino, corte de afanar, corte de enamorar, corte de herida, corte de vulva, el hachazo, etc.
Todavía reticente abrí el libro, le eché una ojeada. George Pelecanos sitúa sus novelas en el ámbito de Washington DC y describe de manera certera y sugestiva el área metropolitana. Su personaje principal, el detective privado Spero Lucas, es un veterano de la guerra de Vietnam. Por supuesto, George Pelecanos pisa, meticulosamente, en las huellas narrativas del inigualable Dashiell Hammett y su protagonista aspira, insensato, a la gloria de San Spade en “El halcón maltés”.
“The Cut”, el título de la novela, alude a la tajada, el 40%, que el detective Spero Lucas cobra por su pesquisa. Él solo investiga hurtos, principalmente uno que se ha puesto de moda en el área de Washington DC. No me arrepentí de haber husmeado en las páginas de ese libro. Daba pábulo a mi creencia en el significado ilimitado de la palabra “corte”
Para mover la droga de manera limpia e inocente, los narcos descubrieron que podían hacerlo enviándola en cajas, a través de los correos privados Federal Express y UPS, a direcciones de gente honorable que salía a trabajar por la mañana y no regresaba hasta la noche. Lo común en los barrios de clase media en Estados Unidos es que el correo privado deje las cajas y los paquetes en la puerta. Si toca el timbre será solo para avisar, nunca en espera de que salga algún ocupante del domicilio.
Entonces, los verdaderos destinatarios de la droga, llegaban a la puerta con calma, a lo largo del día, y recogían la caja con el valioso contenido. Pero en determinado momento, las cajas empezaron a desaparecer antes que llegaran los destinatarios. Esto desató la furia de los narcos. Pero la furia no resolvía el asunto y los narcos tuvieron que recurrir al oficio de Spero Lucas, aceptar el corte del 40% que, luego, pensaban sacárselo del pellejo al vil ladrón o mantenerlo como esclavo para los menesteres del tráfico.
En Guatemala, esas hermosas blusas elaboradas y coloridas que usan las mujeres indígenas combinan con una falda, también de colores vivos, que se llama simplemente “corte”. Y se trata solo de un corte de tela, sin confección alguna, apenas con dobladillo para evitar que se deshilache, pero se trata ya de una apreciada indumentaria que forma parte de la cultura popular guatemalteca.
Cada día, en el diario El País de España, aparecen vistosos avisos publicitarios de la famosa galería comercial El Corte Inglés. Y la ilusión de cada quien que llega a Madrid es ir de compras a dicho lugar para sentirse incluido socialmente.
El corte criollo de una res en el Perú tiene su propia nomenclatura. No hay filet mignon ni solomillo sino huachalomo, malaya, punta de pecho, tapa, asado, aguda descargada, etc. Ahora, aquí hacemos un corte de la película y después veremos. (Por: Gregorio Martínez)