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Dueño de Nada Por: Rafo León

¿Retractarme, Mostrar Pruebas?

“Reseñé esa cita de Simon, mientras que el vox populi en Lambayeque daba una omnipresencia a Quesquén…”.

El 21 de marzo pasado publiqué aquí un texto titulado “¿Será bueno o malo?”. En este refería una reciente experiencia tenida en la ciudad de Lambayeque que me produjo una pésima impresión. Desde hace dos años esa hermosa ciudad está con las pistas y veredas levantadas, los desagües abiertos, el aire lleno de un polvo grueso que hace imposible respirar, no hay agua potable más que por horas, las vías son intransitables. Un horror para la salud de la población, para su calidad de vida y para el turismo.

La obra en cuestión se encuadra en el programa Agua para Todos, que el gobierno aprista empezó a implementar en diversos lugares del país como parte del “shock de inversión”. El presupuesto que se asignó para Lambayeque bordeó los 60 millones de soles, y la licitación cayó en manos del Consorcio San Pedro, el que, junto con el Municipio, son hoy los grandes responsables de que Lambayeque parezca Beirut y de que el problema no tenga visos de solución. Ya hay un antecedente en el distrito de Cayaltí, donde el anterior alcalde Carlos Alvañil recibió catorce millones de soles del Ministerio de Vivienda, no se hizo nada, la plata se evaporó y la actual gestión está desesperada porque no tiene ni para pagar la planilla.

Ante la indiferencia de las autoridades regionales y de los parlamentarios, Yehude Simón inició su propia investigación sobre indicios de lo que él llama “un contubernio entre algunas autoridades” para evitar que se esclarezca el caso, y sospecha que para las licitaciones de Lambayeque y Chiclayo se habrían formado consorcios fantasma, sin ninguna solvencia. A la pregunta de una periodista de Del Valle Para Todos Radio, el 4 de marzo pasado, sobre si él pensaba que Velásquez Quesquén pudiera estar involucrado, Simon respondió: “No lo puedo afirmar, sería irresponsable, pero sí creo que políticamente hay un blindaje, porque no se entiende si Javier Velásquez es un fiscalizador de los 90, sea tan debilucho y amarillo, porque no dice nada (…) con relación a la obra de saneamiento de Lambayeque, la cual mortifica a la población de esta provincia…”

Pues bien, yo reseñé en mi columna esa cita de Simon, mientras el vox populi en Lambayeque daba una voluminosa omnipresencia a Quesquén en este entuerto (que incluyó un huevazo en su cabeza, lanzado por la militante de Lambayecanos Unidos, Milagros “Milli” Fernández Santoyo). A raíz de mi columna, Velásquez ha escrito a Caretas exigiendo que me retracte o que muestre pruebas. ¿Yo? ¿Retractarme o presentar pruebas por lo que han sugerido Simon y los lambayecanos? No entiendo. Lo que yo he hecho es lo que en periodismo se llama “diligencia”, es decir, he soltado una hipótesis sujeta a confirmación, pero no inventada por mí, sino aparecida antes en un medio de comunicación, citado. Velásquez adjunta una serie de cartas, una de ellas dirigida por Simon a él, en la que este afirma no haber sido entrevistado por mí (cosa que yo nunca dije), pero se desentiende de lo que declaró a la mencionada periodista. Yehude Simon, como expresó en el excelente programa Poder Ciudadano de Lamula, está cansado y solo en este caso, e insiste en que en el Congreso hay intereses políticos por encima de los de la población. Nos encontramos ante un caso gravísimo de una más que probable corrupción: que el olor a otorongo no sofoque la viada de los investigadores. (Escribe: Rafo León)


 


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