Entrevistas Alan García habla sobre los nuevos desafíos que enfrentan los políticos y el futuro de su partido. Y va de Confucio a su hijo Federico Dantón.
Exclusivo web: “Un aprista, un twitter”
–Usted se queja de la Megacomisión y dice que el gobierno de hoy maltrata al precedente. ¿Pero acaso ese no es un deporte nacional?Un deporte nacional que lamentablemente las multitudes aplauden, porque causa un placer un poco primitivo pero intenso ver que el que subió mucho tiene que caer muy fuerte, y ver como sufre el que tuvo algún honor. Lo interpreto cristianamente diciendo que Dios puede darnos algunos honores, protagonismos que nos ponen a prueba a través de la humildad y a veces, de la humillación. Pero 615 días o 900 días (de la Megacomisión) ya es bastante.
Vea "Punto de Quiebre"
–Esa es la interpretación cristiana. Pero por sus declaraciones sobre una posible candidatura nos lleva a la interpretación política.
Cuando alguien me pregunta ¿usted va a ser candidato?, siempre he contestado que no. Que no me lo crean es otro problema. He sido dos veces presidente de mi patria, y creo que hay que dejarles espacio a otras personas. Ojalá que nuevas. Me obligan a estar aquí, como le digo me quedo porque estoy en un proceso de investigación, pero ya sin límites, sin fecha. Aquí hay qué hacerlo llegar hasta las elecciones porque creemos que este hombre quiere ser candidato. Vamos a complicarlo y a ensuciarlo con esta política de lanzarlo y límpiate tú. No quería ser candidato pero incomodan tanto que ya me van animando, ¿no? De verdad le digo, realmente desearía que haya, un candidato del partido aprista en alianza con otras fuerzas, que tuviera una participación fundamental, en la próxima elección.
–¿Cree entonces que la política nacional debería tender a bloques?
Yo sí lo creo, y en mi libro (“90 Años de Aprismo”) lo detallo. Hay un sector liberal, profesional, empresario, inteligente, y que conoce internacionalmente el mundo, que tiene que ser tomado en cuenta. La izquierda demuestra querer o tener sensibilidad por ciertos puntos, o temas sociales. Entonces compartamos las cosas. Es muy fácil ser gobernante para gastar y muy difícil ser gobernante para traer dinero. El Estado tiene que lograr el crecimiento y para eso, y para gestionar la infraestructura, el trato con el capital mundial es muy importante. El Estado tiene que cubrir aspectos sociales y educativos, de urgencias, y para eso es importante la gente que tiene sensibilidad especial. Los que son “pilotos” no tienen porque trabajar directamente con la población, por ejemplo. Creo que el Perú es un proyecto común que tiene que ser como un partido. Ahora, en el camino nos peleamos, nos damos la espalda, nos damos de codazos, y no falta uno que dice “pero, bueno, si el APRA solo tiene cuatro parlamentarios”. Pero los momentos de mayor fuerza del APRA son cuando no ha tenido ningún parlamentario. Hay que estudiar historia. Además yo siempre recuerdo que Sánchez Cerro dijo que el APRA había muerto, el mariscal Benavides también, el general Odría, Velasco nos llamó partido intranscendente… Qué vengan otros más.
 |
|
–Volviendo al indulto de Alberto Fujimori, dice usted que no puede ser un hecho político. Pero lo es. El fujimorismo puede declarar una guerra abierta si no lo obtiene y Alejandro Toledo puede pararse de la mesa si es otorgado. O de pronto también el presidente Toledo hace su juego con el sector fujimorista. ¿Por qué cree usted que no hay comunicación entre las partes? No es tan simple, yo pienso que lo único que debe ocurrir es que la muerte no indulte al señor Fujimori estando en la cárcel. Algún día me permití contar que conversamos del tema con el presidente electo porque él me lo preguntó.
Ese es el tema que le toca a usted, le dije a mes y medio de salir del gobierno, usted tiene el llamado. Cómo lo conté, alguien me respondió de otro sector que
Alan García no da puntadas sin nudo. Lo cual me pareció mal, especulando políticamente con la situación de una persona. Lo único que he dicho y repito es, el país está a la expectativa. El presidente dirá sí o no y producida la decisión, el país se acomodará a la decisión. Sino luego vendrá otro presidente y durante los próximos tres años le preguntarán usted va a indultar o no va a indultar. No mantengamos al país en duda porque hay varias áreas en las que hay dudas ya. En mi gobierno reclamaban porque estaba en una prisión que no es, Lurigancho. Es un ex presidente, tiene que tener derecho, además privilegios si corre peligro. Luego, ¿por qué tiene un jardín? Por favor, ¿quieren que lo tengan colgado, esposado, y con silicios y lo flageen a las 6 de la tarde todos los días porque asaltó mi casa y me declaró ladrón, porque incluso, quiso que la Interpol me persiga por el mundo? Yo no soy así, no puedo. Cuando las situaciones van cambiando, hay que analizarlo, pero no hacerlo desde un punto de vista político: cuánto gano dando, cuánto pierdo no dando. Eso es lo negativo, porque eso es lo que hace pensar en que hay algo más que se está preparando.
–¿Qué errores reconoce de su segundo gobierno? Últimamente habla de cómo el exceso de descentralización en España fue un factor determinante de la actual crisis. ¿No podemos ir por ese camino?
Afortunadamente hemos hecho una centralización que no ha llegado, a lo que lamentablemente ocurrió en España, donde surgió lo que se llama la casta autonómica y donde hay cuatro mil empresas públicas. Se han duplicado las autonomías, las diputaciones provinciales, ocho mil seiscientos municipios, algunas entidades para-municipales, para-subsidios y con dineros del estado, haciéndose un aeropuerto, una carretera paralela a la otra. Todo esto ha llevado a un dramático endeudamiento al producto bruto español. Felizmente teníamos, primero, el SNIP, qué es incómodo. Uno quisiera hacer más rápido las cosas, puede aligerarlo un poco pero no desaparecerlo. Vino desde la época del presidente Toledo, y el ministro Kuczynsky. Felizmente en mi gobierno, teniendo más crecimiento y más recursos, con más dinero para los municipios y regiones, teníamos ministros sólidos como el doctor Luis Carranza e Ismael Benavides. Ellos decían: “mantengamos las reglas”. Esas son inversión bien analizada y bien rentable socialmente, y de infraestructura. No contratación de asesores, compadres y amigos en cantidades. Puede haber ocurrido pero en mínima expresión. No estábamos en la negociación día a día con grupos políticos, como en España que dicen “dame uno para Barcelona, para Catalunya”. Más dinero y más dinero, y uno termina preso de esos gastos que al final repercuten sobre la inflación, sobre la deuda nacional.
–El sistema también ha permitido el crecimiento de personajes como Gregorio Santos en Cajamarca.
Siempre hay excepciones. En mi momento tuve presidentes como Hernán Fuentes en Puno, pero se fue porque esa es la democracia. Eso es lo bueno, los gobernantes tienen cuatro años y chau, no te quedes, chau. Viene otro que tal vez lo haga mejor o te continúe con la misma forma de actuar, o de pronto al contrario de lo que venías haciendo. El señor de Puno se fue con su camisa roja y su chavismo, y su independentismo, y se acabó. Ahora hay otro que parece estarlo haciendo mejor.
–Lo señalan a usted como el principal rebajador de sueldos. ¿Qué diría a estas alturas sobre eso? ¿No perdió nivel el Estado?
Antes que nada lo necesitaba la población nacional, que tenía una enorme desconfianza del Estado y lo veía convertido en una máquina que pagaba sueldos inusitados para el rendimiento y la vida público-privada de sus empleados. Llegamos a tener sueldos de treinta y cinco mil soles, doce mil dólares, y con otras gollerías tradicionales como directorios que evidentemente no eran para el mejor Einstein de la administración sino para el más leal de los amigos cercanos. Eso más el hecho de que los parlamentarios tenían sueldos de 25 mil soles me llevó a tomar una decisión: hay que re enganchar al Perú con su pueblo a costa de cortarnos un brazo. Hay que reducir el sueldo presidencial de 42 mil a 16 mil. Los ministros 15 mil quinientos, y los parlamentarios, 15 mil setecientos. Hubo muchas protestas, pequeñas trampas para sacar gastos de movilización, pero fuimos siempre muy cuidadosos en eso. Yo no estaba jugando a la reelección, pude decirle a los alcaldes, “señores, hay provincias o distritos mismos que tienen tres mil habitantes, con tres mil soles de renta al año y el alcalde gana cinco mil. El sueldo del alcalde es toda la renta y puede recorrer a pie todo su distrito. Entonces vamos a poner el sueldo de acuerdo al número de personas y la extensión del distrito”, y se bajaron también los sueldos”. Pero yo no estaba jugando a la re elección…
–¿Cree qué esa decisión se ha revertido para mal ahora?
Creo que hubo una conciencia clara en la población. Si el sueldo mínimo vital era de 650 soles cuando llegue el momento todos ganarán progresivamente más. Pero esa lógica de decir que pagando un sueldo vamos a quitarle sus gerentes de primer nivel al banco de Crédito al Scotia o a las petroleras, lo único que hacen ellos es aumentarle cinco mil dólares el sueldo. Sí, yo sé que todos quieren ganar un poco más y es justo, pero estoy seguro que fuera del espacio público hay muchos que ganarían muchísimo menos. No veo en eso un argumento y la prueba es que se invirtieron S/.86 mil millones en obras. Eso está en internet para que usted la lea y todos los lectores de CARETAS también. Hubo ejecución, el Perú creció en promedio más de 7% por año. Un año hubo una crisis feroz e igual consiguió un buen crecimiento. Y lo qué es más importante, se redujo un 48% la pobreza, y bajaron los números de mortalidad infantil y materna. Inclusive se contrajo en algo la distancia entre los más ricos y los más pobres. Tengo una amiga que escribe en un periódico, Cecilia Blume, que siempre está discutiendo el tema de los sueldos. Una ministra buena, inteligente, me decía que le faltaba plata para pagar la universidad de su hija, y yo le decía, ¿cómo hacemos?, Si le subo a usted tengo que subirle hasta al último de los empleados en el país. Es un dominó que va a venir como una ola.
–Si esa ministra era Mercedes Aráoz ahora le va muy bien y tiene puesto en un organismo internacional.
Bueno, ella concluyó diciéndome que la otra parte del sueldo es ser ministro, el honor, el orgullo de poder decir, yo fui ministro de mi país e hice esto. Naturalmente, uno termina con un buen cartel, se la jalan de un organismo internacional, y seguramente compensará algo de lo que no gano aquí.
–¿Cómo pasa sus días?
Dedico lo fundamental de mi día a leer y hacer mapas para mis trabajos. Es decir, se cumplen 90 años de la ideología aprista y ver como muchas tesis en China confirman el realismo extraordinario de Haya. Tomo un papel, hago un mapa de lo que podrían ser los capítulos, tomo una grabadora y comienzo a dictar. Mi secretaria desgraba y sobre eso comienzo la primera de cinco correcciones. Se ajustan citas y poco a poco el estilo. Yo no soy un literato, transmito conceptos. En el 2010 anunciaban la hecatombe mundial, la repetición de la crisis del 29 y afortunadamente había estudiado al gran Franklin Delano Roosevelt. Empecé a mirar los números y digo, esto no tiene nada que ver. Simplemente están vendiendo periódicos y libros de alarma. Y de allí es que soy invitado a muchos lugares porque decía, no señor, el mundo se autoregula y se autocompensa. Se cae en algunos países pero sigue creciendo. Unos no han sabido defenderse de la insurgencia de China que vende más barato. Necesito convicción, no estar sentado esperando en la puerta de mi casa a que pase un capitalista. Si va a crear trabajo en México o en Colombia hágalo primero en el Perú.
–¿Qué prepara ahora?
Como transmisor de ideas es el que más me gusta. Se llama Confucio y la Civilización. Max Weber escribió La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo para explicar porque la mentalidad ascética, puritana, obliga al trabajo y a la acumulación pero no al lujo ni a la ostentación. Esta mentalidad es la que le permitió emerger al capitalismo en Inglaterra, Alemania y los nuevos estados de Norteamérica.
–A diferencia de nuestro catolicismo culposo.
Nuestro catolicismo de Felipe II que es esperar a que alguien pase. Estuve leyendo las obras de Confucio y sus discípulos. Encontré que en la universidad de Cambridge se ha hecho la más grande investigación histórica que se haya hecho sobre China. Llegué a la conclusión: China es lo que es porque mantiene lo esencial del pensamiento confuciano. Pero no es que Confucio impulsara a China con sus ideas. Confucio es Confucio porque era chino. Sus ideas vienen de la era neolítica en China. ¿Cuál es su importancia? Su pragmatismo, su realismo sin especulación, características del pensamiento chino que van desfondando el desorden occidental. Lo que no significa antidemocrático.
–Porque si algo mueve el piso de su fascinación con China es que celebre tanto un sistema tan poco democrático.
Todo depende de la perspectiva del observador. Si usted se pone en la de los últimos 20 años, China ha avanzado bastante en su perspectiva democrática. Póngase en los años del colectivismo total, no hay propiedad. Y una parte fundamental de la democracia, como decía Locke, es además de la libertad, la propiedad. Hoy los chinos son propietarios, las familias tienen sus parcelas, el mercado es libre. Usted puede viajar al extranjero y comunicarse a través de ochocientos millones de celulares con toda China y tiene el derecho a la expresión de la comunicación en internet. Ciertamente censurado cuando el gobierno chino considera que se revelan sus secretos nucleares o qué se está gestando una revolución. Pero esos son elementos dentro de un proceso. Tienen una capacidad inmensa de consumo que antes no se tenía. La gente de occidente está muy celosa de este crecimiento impresionante que ha sacado quinientos millones de la miseria y de las alpargatas para darles automóviles, motocicletas, celulares y comida. Un día estaba en China con mi hijo Alan Raúl y le dije “compremos esas papas fritas”, porque vi así como una bolsa de papas chips en papel aluminio. Era un pato laqueado. Pagué lo que costaba medio pollo aquí. No crea que por elegir parlamentarios usted es más libre que ellos. Cuando The New York Times denunció que el señor Hu Jintao y su familia amasaron una fortuna de US$700 millones, lo que me pareció una exageración, la gente compraba revistas y periódicos y en internet todo el mundo se pasaba información. A donde voy es a lo siguiente: estamos en un proceso que, como los occidentales comentan, va a traer mayores sueldos, mayores demandas de las personas que quieren tener los mejores automóviles, la mejor casa, China se va a desordenar y finalmente va a crear su mundo parlamentario, el buen desorden. Y ahí se para China. Antes que eso ocurra se va a tener que tener el orden chino, la disciplina productiva china, la capacidad, la concertación. Ellos tienen un partido de frente único donde están los empresarios y los intelectuales. El partido es muy extenso, son ochenta millones de afiliados. Por principios cuando uno tiene una empresa entra al partido comunista chino y dentro del partido puedes decir si prefieres aranceles más bajos. Por eso crecen. Entonces, hay que entender que hay otros caminos paulatinos al proceso de democratización distintos a la manera cuadriculada con la que nosotros lo entendemos. Lo que digo es que China, con su ideología de 2500 años, permanentemente nos está penetrando sin querer. Los chinos piensan en largo plazo, nosotros en corto. Nosotros tenemos un Dios creador, ellos no lo tienen. No están buscando el origen sino como es después, son pragmáticos.
–Ahí usted mira hacia adelante pero otros de sus libros parecen mirar atrás. A propósito de su libro sobre oratoria, ¿no le deprime por momentos que un militar retirado con pocas capacidades retóricas sea un presidente popular? ¿No cambia también el mundo político?
No creo que la comunicación se limite a la que es literaria, elegante, argumental o compleja. En ese sentido no creo que el estilo, qué la forma de ser de las personas determine que, “el país se hunda porque no habla bien”. Cómo decía mi amigo Alejandro - me refiero a Toledo-, el decía “yo no hablo bonito”, y yo bromeando con él le decía “porque no piensas bonito”. Porque para hablar tienes que pensar, pues. Yo soy enemigo del teleprompter, hay políticos que salen con unos vidrios delante, por donde leen, y dicen “buenos días”. Tienen que leer buenos días. Yo lo que quiero es que haya transparencia, quiero ver qué piensas tú, no quien te escribió el discurso. Porque si te lo escribe alguien, es que no lo vas a hacer, quiero ver que estás pensando, quiero ver tus ojos, quiero verte mientras hablas, “es que yo no tengo esa facilidad” dicen, esa facilidad la tiene cualquiera, una señora de la esquina que está vendiendo, yo puedo ir a conversar y me dirá que piensa, quizá con menos desarrollo argumental, pero me va a decir lo que piensa.
–Le comento una anécdota de la de campaña del 2006. Usted estaba en el Cusco, qué era plaza humalista. Termina el discurso, se voltea y grita para usted mismo: ¡Ha sido un buen discurso, carajo! De ahí se voltea, me ve a mí, y grita: Chávez, ¿qué le pareció? Se le veía un hombre gozoso. ¿No preferirá ser candidato que presidente?
Sobre mí pesa mucho la figura de una señora, mi abuela, que era una gran oradora. Mi madre lo es y según ella mi abuela era la mejor oradora del partido. Pero pesa mucho la comunicación, quizá nacimos para ser profesores, y nos hemos equivocado entrando en este camino de la política. Pero me gusta mucho comunicar, si es posible convencer, pero ver como les decía anoche a mis alumnos en clase, todos tenemos dentro una gran capacidad de comunicación y una gran capacidad de pensamiento. El problema es que el maestro nos ayude a sacarlo, le llamaba Sócrates “La Mayéutica”, por decir el alumbramiento, porque su madre era partera, era comadrona, entonces, tal vez a mí me gusta la comunicación y si me emociona a extremos cuando siento qué la gente ha entendido, aunque no sea candidato, que nos hemos comunicado sobre cierta idea y nos hemos elevado, por ponerle algún trazo poético, yo siento que me he realizado.
–Su último libro sobre el APRA pareciera un esfuerzo para animar a su partido frente a lo que para muchos es una completa relativización ideológica.
Lo primero es que el aprismo no está en nosotros, está en la huella de Alfonso Ugarte. El pensamiento de Haya era inundante. Somos interaccionistas. Hay unos que son del alba, otros que son de la alianza del pacifico, otros que son del UNASUR, todos somos.
–Usted advierte la tendencia al sectarismo aprista.
La virtud inmensa de Haya, es que dijo, no, dentro del partido, todos. Y eso es lo que está haciendo crecer, a China, es el partido socialista alemán, es el partido democrático norteamericano. Están los obreros, los empresarios, están todos los que tienen objetivos comunes. Por consiguiente, el partido no puede decir, esto es mío. Acabó eso, la propiedad de ideas no existe.
–¿Y se acabó el partido de masas?
Obviamente, porque hoy el poder y su consecución son más complejos, pero adicionalmente hay una nueva reforma “protestante”. Se sintetiza en que todos podemos leer la biblia, yo me comunico directamente con Dios, me comunico con la realidad y la interpreto. Los organismos intermediarios, partidos, sindicatos, y me temo que a veces iglesias, van perdiendo papel frente a mi necesidad de comunicarme, o con Dios después de Lutero o con la realidad, a través del internet, los sistemas satelitales. El partido de masas, la buena palabra que llevan los lideres que están al medio, que transmiten a la base que son las masas, ya no existe. Ahora, lo inteligente es decir un aprista un twitter.
–Ha vuelto a ser padre, ya mayor. ¿Cómo compagina esta actividad con la crianza de un niño chiquito? Ahora los niños son más demandantes y los papás tienen que estar ahí, permanentemente.
Le confieso que tengo una enorme debilidad por los niños. Primero por mis hijos. Quisiera estar cerca y bien con todos, desde Carla, Josefina, Gabriela, Luciana, Alan Raúl, mis chocheras, que paulatinamente han tenido sus épocas, y finalmente como Federico es el bebé, ocupa momentáneamente el escenario. Todos tienen sus personalidades y no quiero despertar jamás, celos ni rivalidades entre mis hijos. Y yo tengo esa debilidad y responsabilidad. Al niño hay que seguirlo en la construcción de su pensamiento. A veces me digo, no puedes estar estudiando a tu hijo de esta manera, no es normal ni bueno. Pero entonces el otro día él estaba queriendo escribir un libro, que se llama “La historia de un dragón”, y escribe unas frases y las ilustra con unos dibujos. Es impresionante como es la estructura básica de su pensamiento. Tiene caminos más simples para llegar a las cosas. Me acuerdo otra anécdota de hace años con Alan Raúl, en Paris, en el departamento con Armando Villanueva, conversando de política peruana, y el niñito de siete años estaba jugando con su computadora. De pronto le dije a Armando, “no entiendo cómo este genio político que era Haya, con todo el pueblo de su lado y su inteligencia, por qué no llegó”. Y él estaba jugando, se volteó y dijo “¡bah!, porque tenía en contra al gobierno”. Me pareció absolutamente aplastante y simple. Por mí adoptaría niños, pero dirían que lo hice porque quiero ser candidato. Malogró al niño. Estoy condenado a no poder adoptar. Mis hijos no me han dado nietos. Pero la verdad es que me gustan mucho los bebes. La verdad es que no es la edad de tener bebes sino nietos. (Entrevista: Enrique Chávez)