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Dueño de Nada “El aracanto es un alga que habita únicamente en las costas del Pacífico en el Hemisferio Sur”.

¿Aracanto o el Poto de Tilsa?

LIMA, 6 DE ABRIL DE 2013

Me gustaría estar a la vez en todas partes del mundo (pero sin ser Dios, qué vergüenza) y poder investigar si en otros lugares ocurre lo que acá, a diario, los días enteros y en cualquier lugar. Me refiero a eso de vivir pendientes de lo secundario, de lo banal y subalterno, mientras lo que realmente importa se nos pasa ante las narices sin que la absoluta mayoría tenga siquiera idea de que existe. Kenyi, Alan García, Castañeda o Fujimori catalizan opiniones que la gente siente que son sustanciales y al pensar en ellos también se convence de que ya cumplió con su deber de tomar en serio al país y así, cumplido su servicio responsable obligatorio, se ganó la licencia para acabar con la vida útil de sus neuronas mediante la televisión, el fútbol y los chiches electrónicos que de la nada, hacen nada. La magia siglo XXI.

En la costa sur del Perú desde hace décadas se viene dando un atentado brutal contra la naturaleza: la extracción ilegal del alga aracanto. El fenómeno está más que tipificado y condenado en la ley pero en los últimos años, lejos de reducirse, aumenta. Y como a nadie le importa, y como da de comer a pobres, y como nutre cantinas y burdeles, seguirá destruyendo componentes de la naturaleza que son esenciales para cimentar una idea de desarrollo sustentable, palabra que en el contexto de esos playones volcánicos, suena estúpida.

El aracanto (Lessonia nigrescens) es un alga que habita únicamente en las costas del Pacífico en el Hemisferio Sur. Si uno navega cerca de ese litoral, verá en los roquedales los brazos oscuros y largos de esta especie de alga, esencial para mantener la cadena de vida marina de la zona considerada la más rica en biodiversidad marina en todo el subcontinente. Pero si uno sube apenas unos kilómetros por la Interoceánica Tramo 1, como quien trepa de Nasca a Puquio, descubrirá un inmenso terral cubierto con cerros de aracanto puesto a secar, para su venta clandestina a empresas especialmente chilenas. Aracanto hay en Chile en abundancia, pero la veda vigente allá sí se cumple. Acá tenemos idéntica veda, pero bueno, lo que sigue por sabido se calla.

El valor del aracanto radica en que en sus brazos desova infinidad de peces e invertebrados, los que al ver reducir sus áreas de reproducción, empiezan a desaparecer. Por ejemplo, el pejerrey, que deposita y fija sus ovas en el aracanto, cada vez se ve menos en el sur y en cambio cada vez se ven más celulares y camionetas 4x4 en manos de acopiadores, que pagan centavos a los pescadores para que extraigan el alga. Se han hecho múltiples esfuerzos para demostrar a estos pescadores que hay una manera, un manejo, mediante el cual se puede aprovechar el aracanto sin arrancarlo; bastaría con saberlo cortar para seguir beneficiándose con él, respetando la veda y la vida marina. Pero la urgencia del acopiador puede más porque la urgencia del comprador puede más porque la urgencia del industrial quiere más. El aracanto se usa para cosméticos pero también como base para fabricar fertilizantes y en el tratamiento de aguas residuales. Y por supuesto, su harina es un excelente alimento para el hombre. Pero claro, habiendo el poto de Tilsa Lozano, ¿quién quiere aracanto? (Escribe: Rafo León)


 


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