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18/Abr/2013
 
 
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Música Mientras Corea del Norte apunta al mundo con sus misiles, Corea del Sur exporta el fenómeno del K-Pop a países como el Perú.

Corea Hace Pop

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Cosplay a dúo un sábado cualquiera en el Centro Comercial Arenales de Lince.

Coloridas coreografías marciales, glow sticks rojos como ojivas nucleares y un ruido ensordecedor de fin del mundo. Así es un sábado cualquiera en el Centro Comercial Arenales, el más grande punto de encuentro limeño de los cultores del K-Pop. La evolución del local ha sido progresiva. Desde mediados de la década del noventa se convirtió en el epicentro de la cultura japonesa en Lima, sobre todo del anime y el manga. Eran los años de Evangelion, Captain Tsubasa (Supercampeones), Saint Seiya (Los Caballeros del Zodiaco) y otras series propaladas por el canal Locomotion del entonces reciente cable. Más de quince años después, solo un puñado de tiendas de ropa y anime japonés con solitarios muñecos de Dragon Ball se resisten a la fiebre coreana.

Paralelamente, el cambio se dio en el resto del mundo. En un reciente artículo para The New Yorker titulado Factory Girls el periodista John Seabrook describe un desplazamiento cultural análogo (o mejor dicho, digital). Luego de la crisis financiera asiática que empezó en 1997 Corea del Sur –un país con menos de 50 millones de habitantes– logró ganar terreno en las industrias culturales ofreciendo contenidos más baratos que los de Hong Kong y Japón (el mercado musical más grande luego de los Estados Unidos). Es entonces cuando el K-Pop empieza a reemplazar al J-Pop (pop japonés) en su propio terreno. Más juvenil, más pegajoso y más coreográfico. Más occidental, en cierta forma. Hoy, el K-Pop le genera ingresos anuales por US$ 2 billones a la economía de Corea del Sur.
Con el paso de los años, NHK y FujiTV fueron copados también por telenovelas coreanas que reemplazaron a las herederas de Oshin y El pecado de Oyuki. Éxitos como Strike Love, Mi A. Sam Soon (Mi Adorado Sam Soon) y Kaeinui Chwihyang (Preferencia Personal) y el clásico juvenil Boys Before Flowers, que ya se vio en el país en la señal de Panamericana Televisión. No es el único canal que paró las antenas ante la ola coreana o hallyu. Canal 4, a través de su programa Cinescape, ha incluido un segmento titulado Asiaescape. No es más que una forma de pescar en el río revuelto de gamers, boy bands, maids cafés y cosplayers.


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