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Actualidad Cristina Castro sigue enfadada y poco diplomática: “Solo quería que reciba un escarmiento”.

La Tanda de Vivanda

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Cristina Castro admite que su hija asestó la primera cachetada. “Fue un momento de euforia”.

Es una historia reconstruida de a poquitos, testimonio por testimonio y video por video, donde la opinión pública ha cambiado como el humor de las relaciones limítrofes.

El incidente entre Cristina Castro y Cynthia Núñez -madre e hija–, y el embajador ecuatoriano Rodrigo Riofrío surgió en el área de embutidos de un supermercado, pero escaló hasta generar un desconcertante impasse diplomático entre Perú y Ecuador.

Según Castro, Riofrío y su sobrina empezaron la tanda con insultos racistas. Núñez, relacionista pública de un hotel cinco estrellas, asestó el primer golpe: una cachetada a Riofrío. Éste se defendió a revistazos (de haber sido CARETAS se trataba de 550 gramos de peso) contra madre e hija en una gresca que terminó con ambas partes en el suelo, fuera del local, y Riofrío tratando de separarlas a patadas.

Castro sigue enfadada.

–La Fiscalía informó que usted y su hija, como el ex Embajador, han sido denunciadas por agresión.
–Yo no quiero saber nada de denuncias. Al embajador nunca lo denuncié. Solo quería que reciba un escarmiento. Ya lo sacaron. Bien hecho. Ahora estoy feliz. Una actuación así de cobarde es inexcusable.

–¿No le preocupa que el incidente haya escalado al punto de enturbiar las relaciones diplomáticas?
–Es una lástima, pero sucede por representantes como Rafael Correa que tiene el mismo perfil de patán que el embajador. Tampoco es posible que solo Nadine Heredia se ponga los pantalones para defender a la mujer peruana. ¿Dónde estaba el Presidente? Pintado seguramente.

–Todo empezó cuando usted y su hija hacían cola para comprar jamonada de pavo, no es así?
-Sí. En la sección de embutidos estaba este señor, si es que se le puede llamar así. Una chica me pregunta qué es lo que iba yo a llevar. Y a él no le gustó, porque parece que estaba primero. Yo no lo sabía. De pronto se enfurece y me dice: “¡Oiga, señora! ¿No está viendo que estoy yo acá? Así despectivamente. Yo pido disculpas. Voltea y le dice a su sobrina: “así son estos peruanos, serranos indígenas. Por eso este país no avanza”. Así, textual.

–¿Notó que era extranjero?
–Tenía más bien un dejo motoso, tipo cajamarquino. Pensé que era un peruano más. Le dije: “no quiero discutir con usted, porque para eso tendría que ponerse faldas. Nos miró de pies a cabeza y dijo: “locas de mierda”.

–En el vídeo se aprecia que su hija se acerca al embajador, desafiante. Éste hace un gesto descortés, como que no le importa lo que digan. Y su hija es la primera en lanzar el golpe.
–Levanta la mano y nos dice: “Yo soy un turista, y con lo que yo gano, con los impuestos que pago, les doy de tragar”. Cynthia entra en cólera y le da su cachetada. Fue un momento de euforia. Él le devolvió la agresión, y no paraban. Lo único que quedaba era jalarle los pelos.

–¿La sobrina intervino?
–Le exijo que no se vaya porque me ha roto mis lentes. Se aleja y la sobrina nos tira una lata de conservas.

–¿Y prosiguieron golpeándose?
–Cuando él le pegó a mi hija yo lo empujé. Entonces me pateó. Estoy segura de que si hubiera estado mi hijo, que es marino, le rompe la cara a puñetes.

–La actitud del embajador es inaceptable. Pero ustedes levantaron la mano.
–¿Y dónde quedan nuestros derechos, ah? Cómo es posible que un hombre, diplomático o no, le levante la mano a una mujer. A las mujeres no se les toca. Si una le grita, pues como hombrecito debe responder. Creo que no es casado. Su problema no es cobardía, supongo, ¿no? Será como dicen: “soltero maduro, maricón seguro”.


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