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Historia Publican ambicioso libro sobre la diáspora gitana en el Perú.

Gitanería Limeña

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Nicolás Gusieff, gitano del grupo rom, y su esposa Ruzda Stéfano, gitana del grupo ludar. (Foto de José Stéfano Díaz)

El estudio es desmitificador. Partiendo del consenso académico que señala a la India como el terreno originario de los gitanos (“protogitanos”), el historiador establece una población que fluctúa bajo los 1,500 al año 2011. Sus entrevistados coinciden en que Lima acoge a menos de mil de estos habitantes. Esto ubicaría al Perú solo por encima de Ecuador (mil habitantes) y por debajo de países como Colombia (8 mil), Chile (15 mil), México (15,850) y Argentina (300 mil). En el límite superior de la lista están Rumanía (1’850,000), Brasil (1 millón), Rusia (850 mil) y España (650 mil). Los gitanos en Lima pertenecieron a tres principales grupos culturales: rom (América, Europa central y oriental), ludar (Rumania, Hungría y América) y calé (España, Portugal y Francia).

Al Perú habrían llegado durante el siglo XVI. El autor identifica una orden de noviembre de 1551 recibida mediante Real Cédula por el virrey del Perú, don Antonio de Mendoza: disponer que “los españoles vagamundos y holgazanes” que constituían un mal ejemplo para los indios fuesen “asentados” con amos y se ocupasen “en otros oficios”… Según Pardo-Figueroa, los judíos, moriscos y gitanos eran señalados como “indeseables”. Los gitanos, en particular, se desempeñaron como herreros, cuchilleros y chalanes. Subrepticiamente, también se dedicaron a la quiromancia, la cartomancia y el curanderismo. Con los años, las migraciones se asentaron principalmente en Lima, Callao y el Rímac. Tiempo después, el imaginario de la gitanería se reproduciría en zarzuelas, películas, valses y caricaturas. Y hasta novelas. (Carlos Cabanillas)


 


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