Exclusivo El antecedente de Augusto B. Leguía, muerto en prisión, como un factor que influye en el pedido de Alberto Fujimori. Paralelos de dos momentos de la historia política.
Indulto: El Fantasma de Leguía
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Alberto y Kenji Fujimori en inédita foto reciente durante internamiento en Clínica San Felipe. |
La muerte del exdictador argentino Jorge Rafael Videla en una cárcel común a 50 km de Buenos Aires bien puede contribuir al indulto de Alberto Fujimori.
En las redes sociales argentinas muchos han celebrado el deceso del símbolo más prominente de la “guerra sucia” de los años 70 y 80, pero no pocos han expresado su respeto y admiración por el irredento militar de 87 años.
Condenado dos veces a prisión perpetua, Videla nunca se arrepintió de los atroces procedimientos seguidos en contra de la violenta subversión montonera y trotskista.
Por cierto que existen grandes diferencias entre el dictador Videla, quien asumió el mando mediante un golpe, y el presidente Fujimori, quien llegó al poder y luego lo retuvo en dos elecciones generales.
También se diferencia Fujimori del genocida José Efraín Ríos Montt de Guatemala, quien en año y medio en el poder (1982-1983) por poco extermina a toda una etnia de arraigo maya en su país.
Esa guerra civil duró 35 años y registra unos 200,000 muertos, pero Ríos Montt vivió blindado y en los últimos tiempos premunido de inmunidad parlamentaria.
Ésta, sin embargo, se le agotó en el 2012 y en enero el ya octogenario tirano fue condenado a 80 años de cárcel.
EL PRECEDENTE LEGUÍA
No, Fujimori se parece más a nuestro Augusto B. Leguía, el mandatario más longevo de la historia republicana del Perú.
Y las simpatías que se registran por un indulto, que van desde encuestas que favorecen esa figura por razones humanitarias, hasta lo manifestado por partidos políticos entre los que destaca el Apra, surgen del horror y vergüenza que ahora genera el trato salvaje que recibió Leguía después de ser derrocado.
En el curso del ‘Oncenio’ de 1919 a 1930, años en que fe reelegido dos veces, Leguía fue objeto de las alabanzas más extravagantes.
Se le llamó ‘El Júpiter Presidente’, ‘El Gigante del Pacífico’ y el ‘Huiracocha’ del ‘Siglo de Leguía’.
Pero al ser derrocado fue encerrado en solitario en una celda de 9 metros cuadrados (3 x 3) en el infame Panóptico.
La ventana de ese minúsculo calabozo asfixiante, en el que se habían dejado excrementos humanos, fue cerrada con tablas.
Completaba la tortura una luz que nunca se apagaba y los insultos que se reiteraban a través de una rejilla por la que, a la vez, introducían publicaciones agraviantes de la prensa de entonces.
Leguía, de 67 años, estuvo encerrado allí año y medio sin que su deteriorada salud indujera al régimen de Luis Miguel Sánchez Cerro y a otros 4 presidentes interinos (el religioso Mariano Holguín ocupó el cargo un día) a trasladarlo a un hospital.
EL LIBRO ‘LOS PERUANOIDES’
Según ‘Los Peruanoides’, libro escrito por el médico y parlamentario leguiísta Pedro Villanueva Urquijo, y reeditado en el 2006 por su hijo, el recién fallecido Armando Villanueva del Campo, la Junta de Gobierno se negó en principio a sacarlo del Panóptico para practicarle una prostatectomía.
Ésta había sido confirmada por la única junta médica que lo llegó a visitar.
“Una noche, el preso reveló signos de gravedad”, escribe Villanueva Urquijo. “Era que, tratando de matarlo, se le había abandonado, dejándolo sin tratamiento alguno durante 22 días”.
Su hijo improvisó cateterismos que terminaron en infección. Recién entonces lo trasladaron a “una inmunda barraca que en Bellavista llaman hospital naval”, entonces en construcción.
Allí le practicaron la operación y el 6 de febrero le extirparon la próstata, tras lo que le sobrevinieron dos síncopes y la muerte.
“¡Pesaba, en el momento de operarse, solo 30 libras!” (sic), se espantó el médico.
PARALELOS PUNTUALES
Si bien los halagos a Fujimori nunca llegaron al nivel de Leguía ni se registraron deportaciones ni prisión de opositores políticos no violentos, los paralelos son puntuales.
Leguía fue elegido en 1919 pero realizó un golpe preventivo y cambió la Constitución para ser reelegido.
Extendió el mandato presidencial de 4 a 5 años, de tal manera que al ser derrocado en 1930 llevaba un año de haber asumido después de su re-reelección.
Como ocurre con los partidarios de quien espera la decisión presidencial en el Fundo Barbadillo, leguiístas como Villanueva padre trasladan la responsabilidad por crímenes y desmanes al círculo del líder.
En el caso de las deportaciones, el médico reconocía que “los colaboradores más cercanos de Leguía no eran santos…En más de una ocasión, personas inocentes fueron víctimas de innobles represalias por asuntos enteramente personales, que al Presidente de la República se le disfrazaban, atribuyéndoles carácter político de cierta gravedad”.
HAYA Y UN LEGUÍA EN EL PANÓPTICO
Uno de los deportados fue el joven Víctor Raúl Haya de la Torre, que salió del país durante 8 años y no pudo volver hasta la caída de Leguía.
En sus notas a la edición de Los Peruanoides, Armando Villanueva recuerda que en 1932, apenas al año siguiente de su retorno, Haya “fue tomado preso por el gobierno que presidía Sánchez Cerro y se le dio el mismo tratamiento que a Leguía, salvándolo obviamente su juventud y fortaleza… subrepticiamente podían comunicarse (entre las celdas) el jefe del aprismo y Juan Leguía, el hijo del presidente ya fallecido”.
La particular relación del aprismo con Leguía llevaría a que Haya diga en 1978 que el gobierno de este había sido “el mejor del siglo XX”.
Como se hace patente en el libro de Villanueva padre, el ‘Oncenio fue caracterizado como una administración de obras y acciones, que emprendió proyectos como el de Olmos y le dio a Lima un eje de su forma actual.
ANTECEDENTES DIFERENTES
Leguía se diferencia de Fujimori en otros aspectos fundamentales.
Hijo de una familia mesocrática de Chiclayo, comenzó adquiriendo cierta pátina internacional (y, sobre todo, británica) al ser educado en un colegio inglés de Valparaíso.
Y cuando llegó al poder por primera vez en 1912 lo hizo ya como un diestro hombre de negocios relacionado con la agricultura y al área de seguros con vinculaciones londinenses.
Los antecedentes del ‘Chino’ al llegar al poder se limitaban a los Barrios Altos y su distinción académica, de allí parte del aura sorprendente y milagrosa de su elección de 1990.
Pero tanto Leguía como Fujimori cayeron en sus terceros mandatos sucesivos.
El crash, la Gran Depresión del 29 de EE.UU,. levantó una demoledora ola expansiva en la economía mundial y la peruana.
Las exportaciones del Perú cayeron en 70%) y se precipitaron las protestas –incluyendo el saqueo de la residencias particulares de tanto Leguía como sus principales allegados–, y sobre ese desastre se montó el Ejército apoyado por los rezagos del partido Civilista.
Con Fujimori, el primer ‘vladivideo’ seguido de marchas, que fueron de más de cuatro suyos, significó el final del fujimorato.
La corrupción hizo metástasis en los dos casos. A Leguía, que se iba en barco a Panamá, lo obligaron a retornar y lo encerraron en el Panóptico sin marco legal alguno.
Fujimori renunció por fax y, prófugo en Japón durante años, fue extraditado de Chile cuando intentaba un reingreso, juzgado civilmente y condenado.
El presidente aprista Alan García, sensible al pasado, dispuso su internamiento en un aposento protegido y tan independiente que el exmandatario incluso lo utilizó para llevar a cabo promociones electorales.
Pero todos los líderes apristas se han pronunciado a favor de un indulto humanitario.
No quieren que otro presidente muera en prisión, como Leguía.
Los Descuentos
El optimismo fujimorista de última hora, que cree observar una buena señal en la posta de Justicia.¿Optimismo o ingenuidad?
El relevo de Eva Rivas por Daniel Figallo en la cartera de Justicia es visto con buenos ojos por Alberto Fujimori y sus más cercanos. Figallo fue miembro de la Comisión de Indultos y Gracias Presidenciales entre marzo del 2010 y julio del 2011.
Estallado el escándalo por el indulto a José Enrique Crousillat, el exministro de Justicia aprista Víctor García Toma lo convocó y el mismo Figallo se encargó de establecer el actual reglamento de la comisión.
Durante el periodo que el nuevo ministro de Justicia integró la comisión se aprobaron 17 gracias humanitarias y seis indultos comunes.
“Lo vamos a tratar bien”, anuncia el congresista naranja Rolando Reátegui.
Los choques con Rivas fueron constantes y los fujimoristas piensan que la entrada de Figallo puede significar una señal del Ejecutivo.
“En primer lugar, el informe me lo van a presentar a mí. Esto debe ser máximo a fin de mes o antes”, apuntó el ministro.
Según el último sondeo nacional de Ipsos, un 58% está a favor del indulto.
Fujimori comenta que si el apoyo sobrepasa el 60%, Humala no tendría más que darle el perdón humanitario.
A la invocación que hiciera el cardenal Juan Luis Cipriani en marzo pasado, se han sumado voces evangélicas.
El martes 21, los pastores Miguel Bardales, Martín Valeriano y Pedro Vílchez manifestaron su apoyo al indulto.
“Lo encontré muy deprimido, muy delgado, claramente con una enfermedad que es terminal”, dijo en RPP Valeriano, líder de la organización cristiana Remar.
INDULTO Y ENDOSCOPÍA
El viernes 17, Fujimori fue llevado de emergencia a la Clínica Centenario Peruano-Japonés por presentar problemas digestivos.
Fujimori se atendía habitualmente en la Clínica San Felipe, pero en esta ocasión el INPE dispuso llevarlo a la Centenario, donde se reservó un piso entero para el exmandatario.
“Los médicos han concluido que mi padre tiene gastroduodenitis erosiva con lesiones agudas de la mucosa gástrica con puntos sangrantes. En pocas palabras, tiene gastritis aguda”, informó Keiko Fujimori luego de visitarlo.
Se le practicó una endoscopía y los resultados finales se conocerán este viernes.
Una importante fuente refiere que Fujimori ha dejado últimamente la pintura y se refugia en la lectura. “Está leyendo un libro sobre el poder”, señala.
En los próximos días Fujimori tendrá que regresar a la Clínica San Felipe para unos chequeos rutinarios en torno a las erupciones de sus piernas. A su entorno le preocupa que esté abusando de los edulcorantes (CARETAS 2267).
Apuntan además que Fujimori ha bajado dos kilos en el último mes.
SANTOS NARANJAS
El expresidente fue el principal interesado en retirarse de la Clínica Centenario el domingo 19. Ese día era cumpleaños número 33 de su hijo Kenji y quería compartir un almuerzo con él y sus otros hijos en la Diroes.
El congresista participó, como lo adelantó CARETAS en la edición pasada, en el “Desafío” de la primera edición de El Gran Show.
Un limpio salto de 5 metros en la piscina del Campo de Marte ayudó a que la pequeña Samilda reciba tratamiento médico en EE.UU. por el extraño mal que padece.
El santo de Kenji no es el único de esta semana. El sábado 25 es el de Keiko (38) y recibirá un singular saludo de su bancada.
Como ya es costumbre, los parlamentarios de FP le están preparando una puesta en escena en el Teatro Peruano-Japonés.
El telón de fondo del indulto también está por caer. (Eloy Marchán)