Dueño de Nada “La ciudad de Huancavelica es la única en el Perú que tiene su centro histórico solo peatonal…”.
Huancavelica, Oportunidades
LIMA, 7 DE JUNIO DE 2013No puede tener visión desenfocada quien hace sesenta años apostó por hacer minería en Julcani, Huancavelica, y hoy preside Minas Buenaventura, una de las empresas más grandes y poderosas del país. Don Alberto Benavides de la Quintana se lamenta de que en Huancavelica no se haya encontrado un yacimiento minero más grande, “Julcani es muy pequeño, es difícil que impacte significativamente en la economía de la población huancavelicana”. Para Benavides de la Quintana, la ganadería de camélidos, aun cuando es un rubro atractivo en la región, tampoco resulta suficiente para de que Huancavelica dé el salto que necesita para salir de una buena vez del primer lugar en las zonas de pobreza extrema en el Perú.
La apuesta de Don Alberto, quien dicho sea de paso es una de esas personas que dan ganas de llegar hasta los 92 años y más, va por seguir buscando una mina importante, pero sobre todo, por el desarrollo de dos sectores de gran potencial. Uno es la construcción de pequeñas centrales hidroeléctricas, aprovechando lo peculiar de la cordillera huancavelicana, y además, teniendo en cuenta que si el país sigue creciendo como en los últimos años, las necesidades de energía para la gran inversión van a ser mayores. El otro sector en el que el patriarcal geólogo confía es el turismo.
¿Qué ofrece Huancavelica para el turismo? Es una pregunta muy difícil de responder, en un país que por décadas ha cifrado su posicionamiento en la monumentalidad pétrea de los incas. Huancavelica no recibe turismo y en realidad, casi no recibe nada, por los males derivados del centralismo. Eso es malo, porque tiene un atraso de décadas en cuanto a desarrollo de productos turísticos, disponibilidad de servicios y promoción. Pero es muy bueno, porque abre la oportunidad para que esa maravillosa región del país se empiece a ofrecer, sin repetir los errores terribles que se han cometido en otros lugares del país, con la idea de que haciendo burradas falsamente modernas y destruyendo bienes originarios y genuinos, se iban a volver atractivos para el visitante.
Para comenzar, las rutas que hoy nos llevan a Huancavelica son en sí mismas, atractivos, si exceptuamos la imposible Carretera Central. Hoy la carretera que une Cañete con Pachacayo, a media hora de Huancayo y que cruza la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas, es uno de los trayectos más impresionantes que podemos encontrar en el Perú. Por su naturaleza y sus pueblos. Es la zona de Huancaya y sus lagunas y del nevado Pariacaca y sus mitos. Pero también, ahora que el Tren Macho entró nuevamente a operar, resulta posible el privilegio de viajar en ferrocarril desde Lima hasta la misma ciudad de Huancavelica, con una pascana por ejemplo, en la bella Concepción. No es necesario que me detenga en lo que significa el tren para los viajeros, la verdadera esencia del viaje, una experiencia hoy muy apreciada en sectores “de nicho” en los países emisores. Otra opción, para la ida o la vuelta, es la Vía de Los Libertadores, que nos lleva desde Pisco hasta Huancavelica ciudad en apenas seis horas, si es que no nos detenemos en Huaytará, para encontrar el trauma de la Conquista plasmado en la arquitectura.
La ciudad de Huancavelica es la única en el Perú que tiene su centro histórico solo peatonal. Eso, y un ritmo hasta ahora quieto, seguro y provinciano en el mejor sentido de la palabra, nos invitan a un lugar especial para no hacer nada más que lo que nos provoque. Visitar templos, hacer la ruta del azogue, subir a la zona de los chopas para conocer el tejido precioso que hacen desde siempre, indagar sobre los galas (danzantes de tijeras)… La lista es larga porque la experiencia es inédita. Huancavelica, si la saben hacer los paisanos, confirmará que el ojo de Don Alberto, tanto como telúrico, es clínico. (Escribe: Rafo León)