Fútbol Dentro y fuera de los estadios, algo está cambiando en el gigante sudamericano.
Cancha Caliente
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Jugando en pared con las protestas, Neymar publicó en Instagram: “También quiero un Brasil más justo, más seguro, más saludable y más honesto”. |
El malestar brasileño no es solo un tema futbolístico, pero podría serlo. La sucesión Parreira-Scolari-Parreira-Dunga-Scolari de los últimos veinte años –con breve interrupción de Zagallo, entre otros– ha convertido a Brasil en un equipo más obrero y menos bailarín que antes. La prensa internacional lo lamentó después del partido con Italia, pero, en realidad, hace mucho que Brasil no juega bonito. Y, a diferencia de otras veces, ese sacrificio no está trayendo muchos éxitos.
Las sorpresas en el fútbol son cada vez más inusuales y, si todo marcha con normalidad, España y Brasil jugarán la final de la Copa Confederaciones. Bajo la misma premisa, España debería ganarla y no habrá Neymar que salve al local. Cuánto le importará a los brasileños es otra cuestión.