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Dueño de Nada “Resulta que el tal Karimov nunca se ha distinguido por su respeto por los Derechos Humanos”.

Dime a Quién Admiras…

LIMA, 24 DE JUNIO DE 2013

Un amigo bastante culto me lo hizo saber: “Robert D Kaplan, junto con Paul Wolfowitz, diseñó la argumentación para la invasión de los Estados Unidos a Irak. Después se arrepintió, pero era ya muy tarde”. Yo había comentado en Facebook una cita del periodista norteamericano Kaplan, tomada de Viaje a los confines de la Tierra, en la que retrata a los jóvenes alcoholizados, violentos y detestables que en promedio habitan las ciudades de los países del Asia Central que se independizaron de la ex Unión Soviética, y que tienen el futuro de una hiena ciega. La cita en cuestión alude a un bisoño guía que tuvo Kaplan en su visita a uno de esos estados dignos de Borat. Este guía buscaba ser mejor que su estándar generacional, pero resultaba un Frankenstein de ideas republicanas gringas con tradiciones rurales que incluían comerse las cabezas de las ovejas en los banquetes oficiales del gobierno de Karimov, el infinitamente reelegido presidente de Uzbekistán, el único que ha dirigido el país desde su independencia. Kaplan, en un arranque de realismo, concluye en que este muchacho mal ensamblado será parte del poder político cuando le toque el turno, pues es un representante fiel de su realidad y punto. Recibí el comentario de mi amigo culto con cierta lástima, porque la lógica del libro de Kaplan me había entusiasmado pero igual lo seguí disfrutando.

Ya ustedes se preguntarán, ¿qué diablos hago escribiendo sobre un periodista gringo sospechoso de andar demasiado metido con los militares del Pentágono, que es un excelente escritor y que retrata con fidelidad el desastre que quedó en las republiquetas post Stalin del Asia Central? No se preocupen, ahorita tomarán la punta de la madeja. Resulta que el tal Karimov nunca se ha distinguido precisamente por su respeto por los derechos humanos. Elegido y vuelto a elegir más veces que dedos tiene una mano, jamás se ha tomado el trabajo de defender la democracia, y su argumentación ha sido siempre la de que esta no da de comer y que muchas veces es un freno para el desarrollo, porque demasiadas personas opinando no hacen sino complicar las cosas. Mejor es primero hacer y después hablar. ¿Ya les va sonando conocido? El pueblo uzbeko en ocasiones ha salido a las calles, pero no fueron rosas las que recibió de las fuerzas policiales. Cito a Kaplan: “En 1992, los agentes de seguridad uzbekos utilizaron una barra de hierro para romperle el cráneo a Abdulrahim Pulatov, un catedrático de la Universidad de Tashkent, muy conocido, que estaba pidiendo la implantación de la democracia”.

Sigo con Karimov. Su país, como todos los de ese collar de corrupción cuyos nombres remiten a los más bellos mitos de la antigua historia oriental, son lavanderías de dinero mal habido, pero a escalas inimaginables. Además, sus fisonomías geográficas se parecen a los rostros de sus gobernantes, pues en esas regiones de la ex Unión Soviética se produjeron quizás los peores desastres ecológicos del siglo XX, debidos al cultivo intensivo de una serie de productos y a la extracción del petróleo poco menos que con lampa y pico.

Hasta acá me sirvió la figura de Karimov. Paso a otra. ¿Recuerdan ustedes cuando Fujimori, ahíto de popularidad en los sectores más altos y en los sectores más bajos, llegó a autodefinirse como un Chinochet? Dejo de lado mi propia vergüenza por no haber dicho en ese momento lo que pensé sobre semejante declaración. Pero vuelvo a Kaplan. ¿Saben ustedes quién era para Karimov su ídolo político, su mentor, su guía, su luz y su faro? Lo dice Kaplan: “Alberto Fujimori de Perú”. (Escribe: Rafo León)


 


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