Entrevistas Las emociones estéticas de Luz Negib y el arte como vía de trascendencia.
Luchar Contra lo Efímero
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De ascendencia egipcia, Negib tuvo como maestros a Adolfo Winternitz y Fernando de Szyszlo. |
¿Puede la poesía, la emoción interior (a veces de corte literario) transmutarse en pintura abstracta? ¿Pueden los brochazos y las tonalidades convertirse, a través de la sensibilidad, en una temática, clara y rotunda, aunque diferenciada de la figurativa? Sí. Definitivamente. La respuesta a estas preguntas la ha dado en sus lienzos la pintora Luz Negib, peruana de ascendencia egipcia, cuya obra, a fuer de sincero, me encandila, me gusta y me satisface. Y es que con Negib la poesía se siente, cosa que no ocurre en gran parte del abstraccionismo tan lleno de subterfugios. Ella piensa y cree a pies juntillas que “el arte es una forma de luchar contra lo efímero”. Luis Lama dice: “Es esa libertad ganada con un discurso ampliamente dominado lo que permite a Negib brindarnos una nueva poética visual”. Totalmente de acuerdo. Ahora, en el restaurante Costa Verde, ella me explica su lucha por encontrar su propio estilo. Esuchémosla.–¿De dónde viene el apellido Negib?
–Mi abuelo, Antonio Negib Tannouz –cristiano copto– nació en El Cairo, de familia muy pudiente. Estudiando en Oxford, como era de temperamento jaranero, jovial y muy bohemio, una noche conoció a una cupletista española que trabajaba en un club nocturno. Sintió el flechazo, se enamoró de ella, y la siguió por todas partes hasta el mismísimo Buenos Aires y allí a él se le acabó la plata y, consiguientemente, a ella se le acabó el amor.