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Dueño de Nada “La adhesión obsesiva es al medio, a esa nave espacial que me abducciona y me transporta al otro mundo…”.

Fakebook

29 DE JUNIO DE 2013

Esa buena señora, ama de casa, que vive sola porque sus hijos ya hicieron sus propios nidos, y que todas las tardes a las cuatro en punto sale caminando de su casa, frotándose las manos por el frío y llega a la puerta del Casino Keops, es equivalente al tipo o la tipa que se levanta de la cama con una plancha de hierro sobre el pecho, hasta que va a la computadora y la enciende. La señora, desde el momento en que la saluda con venia un botones negro con sombrero de copa, traspasa las puertas del paraíso. Adentro hay un cantante en vivo que interpreta baladas de sus tiempos, los sesentas, y hace intervenir a otras señoras de la edad de ella para tararear los coritos. Chicas lindas en mini se le acercan con una enorme sonrisa a invitarle whisky y canapés. Las luces lila, naranja, verde, oro, la visten de reina, sus amigas de casino vienen para animarla a jugar una tragaperra y claro, cómo no, ha traído veinte soles para toda la noche. Porque el asunto va de boleto. A las seis de la mañana del día siguiente la señora, vestida de gris y marrón, regresa caminando a su casa, junto con las empleadas con el pan. Todos los días de dios se repite el ritual y ni los hijos, furiosos, preocupados, culposos, han podido hacer algo para cortar con lo que ellos llaman “la ludopatía”.

El tipo o la tipa de la murria matutina extiende los dedos sobre el teclado y la luz rojiza del Facebook le ilumina el rostro. La angustia se escurre como un ectoplasma exorcizado, la mala vibra se fue como un mal aliento enjuagado con Listerine, empiezan a entrar las decenas de mensajes que le han sido enviados durante la noche, el mundo es otra vez suyo. El otro mundo.

Un amigo psicoanalista, intrigado porque los pacientes le refieren cada vez más culpas, vergüenzas y resacas producidas por un apego compulsivo al Facebook, me lanza una hipótesis: en el caso de la señora, la adicción no es al juego. Apenas se timbea veinte soles por noche y el tiempo que le dedica a la tragaperras es mínimo, comparado con las seis ó siete horas que pasa disfrutando en el local. Si hay una adicción allí, es al casino, al otro mundo, a una fantasía que es más real que el resto de la jornada de la señora. Por analogía, el apego sin control al Facebook (hay gente que durante el día no hace otra cosa que pasársela inserta en la red), no es al diálogo virtual, al intercambio de ideas, al debate o al simple entretenimiento derivado de conversar con otros. La adhesión obsesiva es al medio, a esa nave espacial que me abducciona y me transporta a un mundo plural, donde quienquiera puede estar con sus propias ideas y pensamientos, pero sobre todo, que me quita la angustia porque todos los que están en la red son personajes buenos. El otro mundo, un mundo sin malos.

He dejado el Facebook, luego de que durante dos semanas me agarró de tal manera, que casi pierdo un trabajo. Me dediqué a postear cuestiones de todo tipo, desde política hasta la difusión de poesía peruana. En escasos días me hice de tres mil quinientos seguidores. Mi ego extra large no entraba en mi cuerpo small. Hasta que me di cuenta, en un porrazo de lucidez, que todo era mentira, Fakebook. La gente promedio en FB solo es buena, es justo medio, no hace olas, nada en las tibias aguas de lo políticamente correcto y sobre todo, es mentirosa. Si tú le dices que seriamente hay que hacer una campaña para bloquearle el paso a García para el 2016, vas a viralizar el mensaje, pero no ocurrirá nada. Acuérdense de la convocatoria a la protesta luego de que unos vándalos lanzaron a una chica de una combi y la mataron. En los preparativos de las redes, habría de ser un Mayo París 68. En los hechos, no acudieron ni veinte personas. Pequeños animales abatidos. (Escribe: Rafo León)


 


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