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Dueño de Nada

El Guiño de Sarita

“El riesgo de una burbuja inmobiliaria en el Perú no se debería siquiera estar discutiendo sino resolviendo”.

En un país, digamos, de a verdad, a la luz de la caída de las economías de España, Portugal, Grecia, Irlanda, y teniendo en cuenta sobre todo el batacazo gringo de hace cuatro años, el tema del riesgo de una burbuja inmobiliaria en el Perú no se debería siquiera estar discutiendo sino resolviendo. Todos los días, en Lima, en Arequipa, Chiclayo, Piura, Ica, en las ciudades beneficiadas por el crecimiento económico de los últimos años, todos los días surge ante nuestras narices un nuevo edificio, o un condominio, o un conjunto vecinal de proporciones, o un descomunal centro comercial. Los efectos secundarios de este llamado boom los padecemos los de a pie, la tugurización de blancos, la sobrecongestión del tránsito, la contaminación ambiental. Ya se rompió hace unas semanas una troncal de Sedapal que abastece a un edificio de Miraflores. Como Sedapal no se hizo presente para atender la inundación, los vecinos llamaron a una empresa privada que se dedica a esos menesteres. Llegaron unos técnicos, detuvieron el asunto, pero les dijeron claramente a los vecinos que este tipo de pequeños grandes desastres iban a empezar a ocurrir a pasto, debido a la irresponsable densidad de edificios construidos en áreas urbanas no preparadas. Y el viernes pasado hemos tenido un corte no avisado de electricidad de cinco horas, el que, según voces confiadas, se debió a lo mismo que lo del agua, solo que en relación al consumo de energía. No hay forma de que un distrito tradicional, solo por mencionar a uno, aguante. Pero las licencias se siguen otorgando y los bancos publicitando sus créditos hipotecarios como si se trataran de besitos de kermés.

Hasta ahí, lo que nos toca a las micropersonas. Pero ¿qué hay del riesgo de una burbuja, que es un tema macro? Es gracioso porque a quienes la prensa normalmente consulta sobre el punto son a representantes del sector construcción o financiero. Por eso cuando escucho sus explicaciones dadas para tranquilizarnos, me los imagino con un ojo tapado contándome una de piratas. La argumentación en contra del riesgo de una burbuja se sigue repitiendo machaconamente: la demanda supera a la oferta y los bancos son muy cautelosos para soltar la plata. Pero hay maneras indirectas de medir la gravedad del fenómeno, y una de ellas es la que ha lanzado una evaluadora de riesgo llamada Sentinel, en el diario Gestión del pasado 19.

Según el estudio realizado por Sentinel, en el mes de mayo se batió el récord en el otorgamiento de créditos hipotecarios: doscientos mil. A la vez, en el mismo periodo, más de cincuenta mil tenedores de hipotecas habían dejado de pagar obligaciones en otras áreas del sistema, como la SUNAT, los arbitrios y hasta los servicios básicos. Eso significa que si consideramos que estos indicadores deben alertarnos acerca de que hay deudores que por alguna razón no pueden honrar sus obligaciones, una de cada cuatro hipotecas en curso estaría en riesgo. Porque habría que estar loco para dejar de pagar el servicio de agua pero cumplir abnegadamente con el banco por la compra del departamento.

Por eso es interesante –e inquietante– leer primero un diario cualquiera, y luego otro, especializado en economía. Ahí es que nos damos cuenta de que política y manejo económico son dos áreas que en el Perú, o en el subdesarrollo, no se tocan. El circo político puede agrandar sus pistas u ofrecer cada temporada nuevas mujeres barbudas, y ahí nos quedamos prendidos. Pero paralelamente ocurren fenómenos en el plano económico que significan cosas, como en este caso el riesgo obvio de una crisis inmobiliaria con todo lo que ello representa, pero a las que recién atenderemos cuando comiencen los desahucios y el milagro peruano se evidencie como un guiño mentiroso de Sarita Colonia. (Escribe: Rafo León)


 


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