Teatro El estreno masivo de obras teatrales en un clima poblado por el boom de espectadores. Hablan los directores.
El Boom de las Tablas
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Jorge Chiarella frente al teatro Ricardo Blume, el primero circular de la ciudad: “Queremos que Jesús María sea un polo cultural importante”. |
Más de una quincena de obras teatrales se estrenarán o seguirán en taquilla en la primera semana de agosto en Lima. Llámesele boom del teatro o repentino interés dramático por parte del público, lo cierto es que, como diría la actriz y dueña del Teatro de Lucía, junto a su madre y hermana, Sandra Bernasconi, “también podríamos hablar del boom de la comida o del cine”. Vale. No es que los grandes de la construcción se hayan mimetizado y hayan levantado quince teatros en tiempo récord cual el búnker de Wong de la Bajada Balta en los últimos tiempos. Ni tampoco que el nuevo milenio haya irrumpido con historias dignas de contarse alzando la voz sobre las tablas. El teatro siempre existió, y por ende también sus intérpretes. Lo que ha nacido, entonces, será el boom del espectador.
“El boom de los grupos de teatro que hubo de los 70 a los 90 formó a actores y dramaturgos que luego sistematizaron sus conocimientos y en los 90 entraron a enseñar a escuelas y universidades. Por eso, ahora existe un colectivo de gente joven más sólidamente preparada”, explica el director Jorge Chiarella, quien comenzara a desarrollar el Centro de Formación Teatral (CFT) de Aranwa Teatro durante más de seis años y que acaba de inaugurar el teatro Ricardo Blume, primero circular de la ciudad, con la obra Hamlet. “A diferencia de los teatros tradicionales llamados ‘a la italiana’, en los que el público ve la obra a través de una cuarta pared invisible, la del telón, en el teatro circular el público está casi inserto en el espectáculo”, explica Chiarella. Intimidad, comunicación, sincretismo.
EL PUNTO DE QUIEBRE
“Cuando el país entra en conflicto político, solo unas cuantas salas sobreviven, y al momento que regresa la estabilidad y la economía crece, también lo hace la afluencia a los teatros”, explica Bernasconi. Como dijera David Carrillo (CARETAS 2224), “El cambio se produce en 1994 con el CCPUCP” cuando el terrorismo había acabado. Carrillo no cree en el boom, y tampoco le gusta cómo suena. Lo afirma recordando montajes impactantes como
¿Quieres estar conmigo? de Ángeles, en tiempos de coches bomba y apagones. Pero agrega: “Claro, ahora que ya hay plata para esparcimiento en la familia, la gente sale más, los cines resucitan y el teatro crece. Hay mayor marketing y mejores beneficios para empresas que colaboran con la cultura”. A lo que Juan Carlos Fisher añade: “Hace años el teatro se ha vuelto no solo una opción importante para vivir una experiencia artística sino también una forma de entretenimiento”. El coche se empuja desde los años 70.
LA RECETA DRAMÁTICA
Según Carrillo, el teatro aún tiene mucha competencia con otras ofertas de esparcimiento y el público es todavía muy novelero y se resiste a cierta fidelidad. Para llenar teatros con más de 500 butacas, como el GTN (1,400), el Pirandello (686) o el Peruano Japonés (1,025), se debe hacer eventos teatrales con mucho marketing y gasto en publicidad. El boca a boca y una puesta en escena que prometa son las cualidades de los teatros chicos, como el Teatro Larco (236), Teatro de Lucía (103) o el de la Alianza Francesa (195). ¿La receta para el éxito? “Se habla de la industria del espectáculo y de allí se excluye todo lo que no da dinero en términos comerciales. Es un error social continuar así. El teatro es y debe ser un reducto del entretenimiento para que uno encuentre un espejo de su comportamiento”, explica Chiarella. Alejarse del teatro de élite, según Carrillo, y contar una historia a través del humor, la música o el drama, según Fisher. Lo demás, como diría Hamlet, es silencio.
(Escribe: Ailen Pérez)